Carlos de Foucauld, el próximo santo que encontró a Dios en el desierto

Entrevista a José Luis Vázquez Borau en el programa "El Espejo" del 10 de junio de 2020 en la Cope.                                                            



Carlos de Foucauld va a ser próximamente canonizado. Y desde luego merece la pena conocer su vida, que ha sido ejemplo para muchos. "Se queda huérfano, pierde la fe durante sus estudios y lleva una vida disoluta en una familia noble y con riquezas".

Lo cuenta José Luis Vázquez Burao en El Espejo, y también en el libro biográfico 'Charles de Foucauld: Encontrar a Dios en el desierto'. El escritor relata la historia de este próximo santo: "Hace la carrera militar, es despedido del ejército para después volver y se convierte en un ejemplo de capitán militar. Después pide poder viajar e ir a explorar Marruecos, un lugar donde todavía los europeos no habían entrado. Disfrazado de judío en este país, publica sus descubrimientos y gana la medalla de geografía francesa".

Es aquí, en mitad de su vida aventurera donde Dios empieza a llmarle: "El islam empieza a tocarle el corazón. A partir de ahí, ve que los habitantes de esta región rezan y esto le lleva a que cuando vuelve a Francia comienza una búsqueda. Su familia es cristiana y él le pide a Dios que 'si existes haz que te conozca'". Por eso "busca un

profesor de religión, alguien que le enseñe. Y va a ver a un sacerdote amigo de la familia. Este le dice que pida perdón por su pasado, se confiesa y le da la comunión". Es en ese momento cuando empieza a vivir con un lema: "Desde que sé que existes, no puedo vivir por otra cosa que para ti".

Acaba trabajando como "jardinero de las monjas clarisas, donde hace sus escritos espirituales". viaja a Nazaret y a Siria donde encuentra una gran verdad: volver a los inicios del cristianismo. En el convento, las hermanas "le invitan al sacerdocio. Vuelve a Francia se ordena sacerdote y quiere ir a Marruecos ,pero como no puede, viaja a Argelia".

A Carlos de Foucauld le caracteriza "una unión íntima con Jesús, tiempo de silencio contemplativo que le hacía preguntarse ¿qué haría Jesús en su lugar? Una vuelta personal, social y eclesialmente a Nazaret. Valorar lo sencillo y pequeño, la solidaridad, la vuelta a la naturaleza, valorar la bondad... Vivir en comunión con los últimos de la tierra. Ir a un sitio donde no hay presencia e ir desbrozando el terreno para luego cosechar el Evangelio".

Carlos de Foucauld, una luz para nuestro tiempo

Publicado  el 5 de Diciembre de 2008 en el nº 2.639 de Vida Nueva por José Luis Vázquez Borau.                                                   

Foucauld

En cada época histórica, el Espíritu Santo suscita un faro, una luz, un testigo nuevo del Evangelio para dar un nuevo impulso al crecimiento del Reino de Dios. Hace ahora 150 años, el 15 de septiembre de 1858, nacía en Estrasburgo Carlos de Foucauld. Fruto de su entrega, viviendo en su propio Nazaret junto a sus hermanos tuareg del desierto argelino, hoy la Iglesia lo presenta como testimonio y muchas personas viven de su carisma, formando la “familia Foucauld”.

Pero podríamos preguntarnos, ¿dónde están estos seguidores suyos, que apenas los medios de comunicación dan eco de sus vidas? Los encontrareis en medio de los más pobres, en los lugares a donde nadie quiere ir, en el servicio humilde y desinteresado y en la oración ferviente y adoradora. Algunos, formando pequeñas fraternidades en ambientes pobres no cristianos; otros, solos o en familia, desbrozando los terrenos para que un día pueda sembrarse la semilla del Evangelio, o anunciando en otras ocasiones la Palabra de Dios y formando nuevas comunidades cristianas. Pero, todos ellos, practicando el apostolado de la bondad y predicando el Evangelio con el testimonio de sus vidas, como lo hicieron, a su vez, los buenos vecinos que fueron José, María y Jesús en Nazaret.

Justo en estos días se cumple el aniversario de su muerte. Carlos de Foucauld fue asesinado el 1 de diciembre de 1916. Tenía en ese momento poco más de 58 años. Se puede decir que estaba en la etapa de madurez de su vida. Ya a los 43 había iniciado su opción fundamental instalándose en Beni-Abbes, en el corazón del Sahara argelino, donde se da cuenta de que hay una muchedumbre de personas por evangelizar y un ministerio muy importante que realizar. Pero durante los años que pasa en este oasis del desierto va experimentando una nueva transformación. Rompe con su autoimpuesta clausura. Acepta con sencillez los acontecimientos que van en contra de lo que siempre había creído que era la voluntad de Dios y se deja llevar por las circunstancias, que son manifestación de la voluntad divina. Así, esta obediencia a cada instante y con el discernimiento de su padre espiritual, le conduce a los tuareg, instalándose en medio de ellos, el año 1905, en Tamanrasset. 

Testigo de Dios

El padre Foucauld ha sido un testigo privilegiado de la experiencia de Dios en medio del mundo. Se ha creído que su presencia en la ermita del Asekrem, el punto más alto de las montañas del Hoggar, o en Tamanrasset, fue un retiro, como antaño hicieron los Padres del Desierto, pero fue todo lo contrario: partió para vivir la vida de Nazaret con los nómadas más aislados, por ser éste un lugar de tránsito de las caravanas, que ofrecía grandes ventajas para las relaciones con los tuareg, a los que hospedaba, estableciendo relaciones de amistad.

Once años convivió con ellos, haciéndose uno de tantos, aprendiendo su lengua, sus costumbres, etc., con ánimo evangelizador, aunque nada más fuese realizando gestos de bondad. Así, resumiendo, Carlos de Foucauld vivió dieciséis años en tierras argelinas, y especialmente once entre los tuareg hasta que llegó su muerte como acto supremo de entrega a imitación de su hermano mayor, Jesús de Nazaret.

A nosotros, ahora, nos interesa señalar los rasgos esenciales de esta última etapa de su vida para entresacar los nervios espirituales de su existencia y, así, poderlos encarnar en nuestra realidad. Vida de oración, vida de trabajo, realizando una tarea lingüística inmensa; preocupación por el pro- greso espiritual y material de las personas con las que vivía; luchando contra toda injusticia; y, finalmente, lanzando un movimiento misionero universal hacia los más pobres y alejados de la Iglesia, que incluye a sacerdotes, religiosos y laicos, unidos “por la comunión de los santos”, predicando el Evangelio con la propia vida y practicando allí donde se encuentren el “apostolado de la bondad”, asumiendo con la “paciencia de Dios” el desarrollo del misterio de la salvación.

¿Cómo puede ayudarnos el carisma de Carlos de Foucauld a afrontar nuestro tiempo? Primero, y principalmente, su deseo de imitar a Jesús de Nazaret. Imitar no quiere decir “hacer lo mismo”, sino dejarse conducir por el mismo espíritu de fuego que animaba a Jesús de Nazaret. Como aconseja el propio Foucauld, “pensar y hacer en cada momento lo que haría Jesús en nuestro lugar, y hacerlo”. Jesús de Nazaret es nuestro “Modelo único”, por eso hay que leer y releer su Evangelio. Ser pobres como Jesús, viviendo en medio de ellos o siendo solidarios con ellos, y luchando contra toda injusticia.

Otro aspecto esencial es vivir una intensa amistad con Dios, en la oración silenciosa y la oración de la Iglesia. Y, finalmente, practicando el apostolado de la bondad, intentando curar todas las “enfermedades” y predicando el Evangelio con el testimonio de la propia vida, hasta entregar la vida por aquéllos a quien se ama.

Nazaret…

Si hay una palabra que exprese mejor el mensaje de aquél que se dejó conducir por el Espíritu de Amor para realizar su misión concreta, ésta es “Nazaret”: una llamada a vivir el amor apasionado por la persona de Jesús en las situaciones comunes de la vida, como Él, que vivió plenamente la relación filial con el Padre, viviendo en el seno de una familia, realizando un oficio, mo- rando en una aldea y caminando por las veredas de Palestina. La misión del hermano Carlos es hacer notar que Nazaret se puede vivir en cualquier situación, en la vida religiosa, en la vida de familia, solo o haciendo vida en común. No es una espiritualidad del desierto ni eremítica. Es, por el contrario, una “espiritualidad de la relación” en sus dos dimensiones, la humana y la divina: relación de amor con Dios y relación de amor con las personas que compartimos la vida. Es la imitación de la vida de Jesús, Jesús de Nazaret, que vivió, en medio de las relaciones interpersonales más comunes, una relación única con el Padre.

Jacques Maritain actualizaba el testamento del hermano Carlos de Foucauld de este modo a todos sus discípulos: “Vuestro papel profético consiste en afirmar existencialmente el valor primordial de la proclamación del amor de Jesús a todas las personas, no ya por los grandes medios visibles, sino por el medio invisible o casi invisible de la simple presencia de amor fraternal en medio de los pobres y de los abandonados”.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1858. Carlos de Foucauld nace el 15 de septiembre en Estrasburgo (Francia); a los seis años se queda huérfano. Pierde la fe a los 17 años. 

1876. Ingresa en la Escuela Militar de Saint-Cyr. El subteniente Foucauld marcha hacia Argelia en 1880. Expulsado del ejército por indisciplina y mala conducta, pide reintegrarse al enterarse de que su regimiento iba a entrar en  combate debido a una insurrección en el Sur de Orán. 

1882-1884. Preparación y realización del libro Reconocimiento de Marruecos, donde explica el viaje de exploración que realizó haciéndose pasar por judío.

1886. Se instala en París. Período de búsqueda y de interrogaciones. Quiere encontrar a Dios. A finales de octubre, en la iglesia de San Agustín de París, se confiesa y recibe la comunión de manos del padre Huvelin, produciéndose su conversión. Viaja a Tierra Santa.

1890. Entra en la Trapa, el 26 de enero, en Nuestra Señora de las Nieves. Llamado hacia una más perfecta imitación de la vida de Nazaret, saldrá de la Trapa el 14 de febrero de 1897, después de que sus superiores ratifiquen su vocación. 

1897. Llega a Nazaret el 4 de marzo. Vive como criado de las monjas clarisas de Nazaret, “exactamente lo que buscaba”. De este tiempo en Tierra Santa son la mayoría de sus escritos, meditaciones y notas espirituales. 

1900. Vuelve a Francia el 22 de septiembre. Va a la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves para prepararse para la ordenación sacerdotal, que tendrá lugar el día 9 de junio de 1901. 

1901. Llega a Beni-Abbes, el 28 de octubre. Durante este período, su correspondencia va aumentando. Escribe también El Evangelio presentado a los pobres del Sahara, y revisa la Regla de los Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón

1905. Se instala en Tamanrasset. Allí escribe los estatutos para la asociación de hermanos y hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, dirigidos a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos evangelizadores: Consejos Evangélicos o Directorio.

1916. El hermano Carlos de Jesús muere el 1 de diciembre violenta y dolorosamente, como había anotado en su diario aquella misma tarde: “Vivir como si tuvieses que morir mártir hoy”.

1917. Luis Massignon manifiesta a su director espiritual, Luis Poulin, párroco de la Trinité, el deseo de continuar la Asociación Foucauld, única asociación eclesial fundada por el propio Foucauld, a la que pertenecía Massignon, y publica el Directorio o Consejos Evangélicos del padre Foucauld.

1920. Luis Massignon, el día de Viernes Santo, pasa una terrible angustia al ver que el testamento del padre de Foucauld no se realiza. Se siente heredero y continuador de su obra.

1921. René Bazin, por indicación de Massignon, publica una biografía de Foucauld que tendrá gran impacto en la sociedad francesa de la época: Charles de Foucauld, explorateur du Maroc, ermite du Sahara.

1922. Massignon publica en La Vie espirituelle un artículo sobre la Unión de oraciones.

1923. Suzanne Garde funda el “Grupo de Carlos Foucauld”, formado únicamente por laicos.

1928. Se funda la primera congregación religiosa nacida del padre de Foucauld, las Hermanitas del Sagrado Corazón.

1933. El padre René Voillaume tomó el hábito junto con otros cuatro compañeros en la basílica de Montmartre, instalándose en El Abiodh Sidi Cheikh, en el sur argelino. Al principio se llamaban “Petits Frères de la Solitude”.

1939. La hermanita Magdaleine de Jesús funda las “Hermanitas de Jesús”, hoy en día repartidas por todo el mundo en 321 fraternidades, manifestando el amor gratuito de Dios a través de la amistad y la solidaridad.

1947. René Voillaume funda, junto con otros tres hermanos, la primera fraternidad obrera de los “Hermanos de Jesús” en Aix-en-Provence.

1950. Luis Massignon es ordenado sacerdote y va a Tamanrasset, donde murió su querido padre espiritual, pasando una noche de oración, como la que tuvo con el propio Carlos de Foucauld en el Templo del Sagrado Corazón de París la noche del 21-22 de febrero de 1909, dando origen a la “Unión de hermanos y hermanas de Jesús, Sodalidad Carlos de Foucauld”.

1951. René Voillaume publica En el corazón de las masas, sobrepasando los 100.000 ejemplares.

1956. René Voillaume funda los “Hermanos del Evangelio” como respuesta al crecimiento evangélico allí donde los hermanos están encarnados. Posteriormente, surgirán las “Hermanitas del Evangelio”, expandidas también por distintos países del mundo. 

En la actualidad, la Asociación Carlos de Foucauld reúne a un importante número de grupos que se dicen y son discípulos del hermano Carlos de Foucauld. Además de los ya mencionados, hay que citar a las Hermanitas de Nazaret; los Hermanitos de la Cruz (Canadá); las Hermanitas y Hermanitos de la Encarnación (Haití); las Hermanitas del Corazón de Jesús (República Centro Africana); la Fraternidad Jesús Caritas (Instituto Secular Femenino); la Fraternidad Sacerdotal Jesús Caritas; la Fraternidad Secular Carlos de Foucauld; la Comunidad de Jesús (Asociación privada de fieles: matrimonios consagrados, célibes consagrados y laicos comprometidos); la Comunidad Jesús Caritas de Italia (sacerdotes diocesanos en comunidad parroquial); la Fraternidad Carlos de Foucauld (Asociación de fieles: laicas con celibato); el Grupo Charles de Foucauld, otro en Vietnam y, además, en España han surgido a Fraternidad de Betania, la Fraternidad de Emaús, las Fraternidades de la Amistad y la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.


Carlos de Foucauld nos enseñó a trabajar por la fraternidad universal

https://www.religiondigital.org por Cardenal Cristóbal López Romero                                                                        

"Después de su “conversión” (no cambió de religión, sino retornó a su fe primera, la cristiana), Carlos no pudo volver a Marruecos, pero se instaló en el desierto, en Argelia, donde finalmente murió asesinado"

"San Carlos de Foucauld es una bendición para la Iglesia en general, pero para nuestras Iglesias del norte de Africa representa, además de bendición, un consuelo en las dificultades, un reforzamiento de nuestro estilo de vida de fe y un estímulo para seguir adelante confiadamente"

La mañana del 27 de mayo me ha traído, de parte de Religión Digital, esta gran “buena nueva”: Carlos de Foucauld va a ser canonizado. En efecto, el Papa ha aprobado el milagro preceptivo para proclamarle santo y proponerlo a la veneración y a la imitación de la Iglesia universal.

Para la Iglesia de Marruecos esta noticia reviste una importancia particular, puesto que fue durante su visita a este país cuando Foucauld sintió que algo se le removía por dentro, en lo más profundo. Agnóstico y descreído, se dejó tocar por el ejemplo y la piedad de los musulmanes; viéndolos rezar comprendió que la vida que llevaba no era la que debía, y que Dios le estaba esperando en todos los recodos de los caminos que recorrió a lo largo y a lo ancho del país.

Después de su “conversión” (no cambio de religión, sino retorno a su fe primera, la cristiana), Carlos no pudo volver a Marruecos, pero se instaló en el desierto, en Argelia, donde finalmente murió asesinado.

Su experiencia espiritual, su carisma, su amor a la tierra y a la gente del norte de Africa ha marcado a fuego estas Iglesias, en las que sus seguidores espirituales (espontáneos o institucionales) han querido estar siempre presentes.

De Carlos de Foucauld hemos aprendido:

-a trabajar por la fraternidad universal (él se consideraba hermano universal);

-a valorar el testimonio personal del evangelio vivido en el amor por encima de cualquier actividad evangelizadora;

-a aceptar con alegría ser pequeños, pobres y sin más recursos que los necesarios para subsistir, compartidos con quienes se convive;

-a ser pocos, a vivir en minoría, a ser “menores”, en la línea espiritual franciscana;

-a encontrar a Cristo tanto en la adoración eucarística como en el encuentro fraterno;

-a amar el silencio y la escucha más que el ruido y el parloteo.

En vida, Carlos de Foucauld no pudo organizar ningún movimiento, asociación o grupo estable… Pero su sangre fue simiente que, impulsada por el viento del Espíritu, ha ido a germinar en diferentes lugares y de muy diversas maneras, al punto de haber dado origen a una familia y un movimiento espiritual en el que unas cuantas congregaciones religiosas, asociaciones y movimientos cristianos beben el agua cristalina del más puro Evangelio.

San Carlos de Foucauld es una bendición para la Iglesia en general, pero para nuestras Iglesias del norte de Africa representa, además de bendición, un consuelo en las dificultades, un reforzamiento de nuestro estilo de vida de fe y un estímulo para seguir adelante confiadamente.

¡Foucauld, hermano universal, ruega por nosotros!


Con Charles de Foucauld, soñar un mundo apellidado 'de Jesús'

"Un ejemplo de búsqueda en el camino de la fe, un modo de entrega a Jesús".

Artículo de Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, publicado en https://www.religiondigital.org el 27 de Mayo de 2020.

"Personalmente, lo esperaba por lo que Charles de Foucauld representa para la Iglesia que peregrina en el norte de África, Iglesia tantas veces señalada desde la arrogancia como insignificante, como incapaz de 'alargar sus tiendas' para cobijar nuevos hijos, como Iglesia muda, como pobre Iglesia indigna de cualquier reconocimiento"

"Hoy es un día de fiesta para el hermano Carlos, para su muy numerosa familia espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y a los pobres en el norte de África, y para mí"

La esperábamos desde hace años. Ésta es la noticia: Hoy, 26 de mayo de 2020, el Santo Padre Francisco autorizó la promulgación del decreto relativo al milagro atribuido a la intercesión del beato Charles de Foucauld, sacerdote diocesano.

Eso significa que ya podemos decir: Charles de Foucauld, Santo.

Lo esperábamos, por lo que este reconocimiento significa para él, por lo que significa para su familia espiritual, para cuantos en Charles de Foucauld –en Carlos de Jesús- han encontrado una forma de vida, un ejemplo de búsqueda en el camino de la fe, un modo de entrega a Jesús por quien finalmente Charles fue encontrado.

Personalmente, lo esperaba por lo que Charles de Foucauld representa para la Iglesia que peregrina en el norte de África, Iglesia tantas veces señalada desde la arrogancia como insignificante, como incapaz de “alargar sus tiendas” para cobijar nuevos hijos, como Iglesia muda, como pobre Iglesia indigna de cualquier reconocimiento.

Charles de Foucauld iba delante de nosotros. En el corazón –en el suyo y en los nuestros-, los mismos huéspedes: la Trinidad Santa, Jesús el Señor, y un mundo de hermanos, una multitud de la que eran y son parte esencial los musulmanes. En la mente, las mismas preocupaciones, porque a nadie falte libertad, alegría y pan.

Hoy es un día de fiesta para el hermano Carlos, para su muy numerosa familia espiritual, para la Iglesia que sirve a Dios y a los pobres en el norte de África, y para mí que he tenido la dicha de compartir con esa Iglesia inquietudes, trabajos, esperanzas y gozos.

Hoy quiero encerrar en un abrazo a cuantos, mujeres y hombres, llevan asociado a su nombre ese apellido espiritual que es “de Jesús”.

Y con todos ellos quiero soñar para mañana un mundo que sea finalmente y dichosamente “de Jesús”.


Carta de Carlos de Foucauld a la que ha perdido un bebé

Extractos de su carta fechada el 12 de febrero de 1900, publicada el 5 de mayo de 2020 en https://es.aleteia.org por Mathilde De Robien                                                                                                                      


Mi querida Mimi:

Acabo de recibir el telegrama enviado ayer… Has debido de sentir pena por la muerte de este niño, y yo tengo también el pensamiento en la tuya…

Pero te confieso que tengo asimismo una admiración profunda y entro dentro de un arrobo lleno de agradecimiento cuando pienso que tú, mi hermanita, pobre viajera y peregrina sobre la tierra, eres ya la madre de un santo… Que tu hijo, al que has dado la vida, está en ese hermoso cielo al que aspiramos, tras el que suspiramos…

Aquí está convertido, en un instante, en el mayor de sus hermanos y hermanas, el mayor de sus padres, el mayor de todos los mortales. ¡Oh! ¡Qué sabio es por encima de todos los sabios!

Todo lo que nosotros conocemos en enigma, él lo ve claramente… Lo que nosotros deseamos, él lo goza…, el fin que perseguimos tan penosamente al precio de una larga vida de combates y sufrimientos, él lo ha logrado desde el primer paso… (…)

Tus otros hijos marchan penosamente hacia esa Patria celestial, esperando alcanzarla, pero sin tener la certeza y aun pudiendo ser para siempre excluidos; ellos no llegarán, sin duda alguna, sino que al precio de muchas luchas y dolores en esta vida, y puede ser todavía que después de un largo purgatorio.

Él, este angelito protector de tu familia, de un vuelo ha llegado a la Patria, y sin penas ni incertidumbres; por la liberalidad de Nuestro Señor Jesús, goza por la eternidad de la visión de Dios, de Jesús, de la Santa Virgen, de San José y del gozo infinito de los elegidos…

¡Cuánto debe amarte! Tus otros hijos podrán contar así, como tú, con un protector bien tierno; tener un santo en la familia, ¡qué dicha ser madre de un habitante del Cielo!, ¡qué honor y felicidad!

Repito, entro en una arrobadora admiración pensando esto: se consideraba a la madre de san Francisco de Asís bienaventurada porque viviendo ella asistió a la canonización de su hijo; ¡mil veces más dichosa eres tú!

Tú sabes con la misma certeza que ella que tu hijo es un santo en los cielos, y lo sabes desde el primer día de ese querido hijo, sin verle atravesar, para llegar a la gloria, todo un camino de dolores. ¡Cómo te lo agradecerá!

A tus otros hijos les has dado con la vida la esperanza de la felicidad celestial y, al mismo tiempo, una condición sometida a muchos sufrimientos.

A éste le has dado desde el primer instante la realidad de la felicidad de los cielos, sin incertidumbres, sin espera, sin mezcla de ninguna pena… […]

Querida mía, no estés, pues, triste, sino repite más bien con la Santa Virgen: “El Señor ha hecho en mí grandes cosas…; las generaciones me llamarán bienaventurada...”.

Sí, bienaventurada, porque eres la madre de un santo, porque aquel que has llevado en tu seno está a esta hora resplandeciendo de gloria eterna.

La última fotografía de Charles de Foucauld

Artículo publicado el 31 de diciembre de 2.019 en https://sonqonchis.blogspot.com                                                                        
En preparación para el centenario de la muerte de Charles de Foucauld el Boletín de la Amities(*) Charles de Foucauld traza un memorial sobre la última fotografía conocida de nuestro hermanito Carlos de Jesús. Aquí hacemos una traducción libre del mismo tomado del Blog Lafregate. 


Esta fotografía nos regala su vívido retrato entre 1914 y 1916.
Según el Boletín, la investigación no nos responde con exactitud ni es posible establecer con certeza la fecha de la fotografía, más suerte corre la investigación acerca del lugar donde fue tomada: la puerta que aparece detrás de la figura del Hermano nos da una idea bastante cercana de que no corresponde a la "fragata", ni a la puerta a la ermita fortificada habitada después de junio de 1916.
Por otro lado, el fotógrafo sólo puede ser uno de los soldados acuartelados en Motylinski (Charles de Foucauld se queda allí el 12, 13 y 14 de abril de 1916) o uno de los soldados en misión temporal en el Hoggar.
En este segundo caso, uno de estos fotógrafos aficionados podría ser el médico militar Paul Vermale, asistente principal de la Compañía Sahariana de Tidikelt, asignado al Grupo Hoggar en 1914, y del cual sabemos que le gustaba fotografiar paisajes y personas del desierto. El Diario y la correspondencia familiar del Dr. Paul Vermale lo describen muchas veces en su ambiente de Tamanrasset.
El 30 de octubre de 1914, se quedó en "la casa de los oficiales" construida en los primeros meses de 1914, Rene Bazin le llama también a esta construcción: "la administración" o " la casa de huéspedes”. (cf. Charles de Foucauld 1921, p. 421).
Nos recuerda Vermale, sus experiencias en aquellos momentos y en ese lugar: "Me instalé en la muy agradable casa de oficiales” ... El Padre almuerza y cena conmigo, lo cual es encantador, Charlamos hasta donde alcanza la vista…
Conviene recordar que el Doctor Vermale, se trasladó a Tamanrasset a pedido del Padre de Foucauld para tratar muchos casos de malaria, y permanecerá allí hasta el 23 de noviembre.
De allí nos nace esta pregunta: ¿La foto fue tomada en noviembre de 1914 en "la casa de los oficiales"?
Si él es el autor de la foto, creemos que Vermale reveló sus negativos, unas semanas después, el 14 de diciembre de 1914, mientras descansa en Fort Motylinski.
Por esa situación y al comparar su situación con la de los combatientes en el frente en Francia, exclama: "En lugar de estar en la línea de fuego, tomo fotografías. Oh! ironía! Hago positivos sobre el vidrio.“ (En el Sahara durante la Guerra Europea, p. 119).
En esta última foto, si es de noviembre de 1914, Charles de Foucauld a los 56 años, parece tener el físico de un anciano.
Su salud era bastante pobre, según el diagnóstico del Dr. Vermale, quien lo tratará contra el escorbuto unas semanas después.
Las imágenes que tenemos, corregidas del original, ponen algunos mechones de cabello en la parte superior de su cabeza, mientras que su calvicie es ya antigua y hace la siguiente descripción "Sin dientes, sin cabello, barba muy gris, innumerables arrugas ". (Carta del 7 de marzo de, 1916 a su amigo de toda la vida, el "doctor" Balthazar 4 º cazadores de África).
¡Pero los ojos y la sonrisa están vivos!
Y la fisonomía habla por sí misma, especialmente en comparación con la de Foucauld de los años de la juventud, la que Balthazar habrá conocido en 1881.
Para mostrar la impresión que sintió al contacto con esa imagen, aquí está el testimonio de Olivier Clément (1923- 2009), asociado de historia y profesor de teología en el Institut de théologie orthodoxe de Paris. El autor, primero atraído por las sabidurías orientales, habla aquí de un descubrimiento realizado antes de su conversión de 1950 al cristianismo:



"Estaba abrumado por las fotografías, que encontré, por casualidad en un libro, del padre Charles de Foucauld. Estas fotografías habían sido tomadas en varios momentos de su vida. La transformación que había visto que la muerte lograba en ciertos rostros se realizó aquí en toda la vida. En plena vida, fue el paso a través del fuego y como una muerte-resurrección ...
Estas fotografías donde la carne fue reemplazada por una brasa fueron para mí una introducción al icono, que iba a descubrir pronto, y quien ya me acompañó...
y también una respuesta a la India y a las direcciones extremas: cuando el santo llama el sabio, este cierra los ojos, saboreando un estasis totalizador, su rostro se vuelve suave, lleno, acuático; el santo llama abba , padre, como si estuviera orando por primera vez, entra en una primera vez siempre nueva, se convierte en llama.(Extracto de El otro sol, autobiografía espiritual , Stock, 1975, 177 p., Citation of pp. 127-128; reedición, DDB, 2010).

______________________________________________
(*) Boletín trimestral Amitiés Charles de Foucauld, 56 rue du Val d'Or, 92150 SURESNES, suscripción anual 30 €. Para los amigos que quieran saber más sobre el médico militar Vermale pueden consultar el Boletín n ° 128 de octubre de 1997 "Una amistad sahariana del Padre de Foucauld: Paul Vermale" y el Boletín n ° 129 de enero de 1998 (Le Journal du Docteur Paul Vermale ”

Carlos de Foucauld, un Padre del Desierto

Artículo publicado en https://www.religiondigital.org/cafedialogo el día 1 de diciembre de 2.019 por José Luis Vázquez Borau.                     

“Tan pronto como creí en Dios, no quería vivir más que para Él».
 
«Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos o increyentes, a que me consideren su hermano universal".
 
Vivir Nazaret significa: «humildad, pobreza, trabajo, obediencia, caridad, recogimiento y contemplación»



En una pequeña biografía hecha por el historiador y gran conocedor de Foucauld, Jean François Six, este estructura su libro en estos veintitres capítulos, a saber: Un rebelde; Un niño perdido; Un exiliado; Un soldado; Un explorador; Un solitario; Un converso (Primera conversión); Un peregrino; Un monje; Un ermitaño; Un sacerdote; Un defensor de los derechos humanos; Un itinerante; Un tuareg; Un converso (Segunda conversión); Un fundador; Un místico; Un apóstol; Un hombre de Espíritu; Un francés; Un pobre; Un desbrozador; y, finalmente, Un faro. Nosotros ahora vamos a añadir un nuevo elemento que engloba a todo el conjunto de los elementos citados: Un hombre de desierto. Y por elevación: Un padre del desierto de nuestros días. (J. F. SIX, Carlos de Foucauld, Monte Carmelo, Burgos 2008. Nosotros seguimos aquí, a grandes rasgos, el itinerario de este libro).


1. El desierto de su infancia y juventud

Huérfano de padre y madre a los seis años. A los doce años, a consecuencia de la derrota francesa, en la guerra franco prusiana (1870) junto con su abuelo tiene que exiliarse a Nancy. A los catorce años obtiene el bachillerato y a los diez y siete entra en el segundo curso de preparación en la escuela “Sainte Geneviève” de Versalles, para prepararse para la carrera militar en Saint-Cyr En marzo de 1876, seis meses después de su entrada, el joven Carlos de Foucauld es expulsado: no hace nada; es un rebelde, un auténtico egoísta, que genera discordia a su alrededor, tiene ataques de cólera y rechaza su fe de niño y toda creencia: Esto es lo que el propio Foucauld dirá a su amigo Henry de Castries el 14 de agosto de 1901: «Los filósofos están todos en desacuerdo: doce años permanecí sin negar ni creer nada, desesperando de la verdad y sin creer siquiera en Dios, pues ninguna prueba me parecía bastante evidente». Regresa a Nancy a casa de su abuelo, el coronel Morlet; herido en su amor propio, y prepara solo el examen de entrada, obteniendo el número 82 sobre 412. Ya en la escuela de caballería de Saumur, se abandona, se enoja, engorda y no trabaja. Termina Saumur en octubre de 1879, con veintiún años quedando el 87 sobre 87 alumnos. Al obtener la mayoría de edad, puede recibir su herencia: Lo envían a una guarnición en el este. Y para los permisos alquila una habitación en París, en la calle La Boétie, donde organiza suntuosas fiestas; lleva un gran tren de vida: tiene una criada, un coche, un caballo; es un gourmet que invita a sus camaradas a su casa para degustar sutilezas; su dinero está siempre disponible para ellos. Y a los veintidós años, pone en su vida una mujer mundana y ligera, Mimi.

Su regimiento es llamado a servir en Argelia a finales de 1888. Mimi le sigue; desembarca en Argel con el nombre de “Vizcondesa Carlos de Foucauld”. Él está tranquilo, se exhibe con ella. Las mujeres de los oficiales se quejan ante el Estado Mayor. El ejército quiere poner fin a este escándalo: consejos, amonestaciones y al final le ordenan renunciar a esta situación. Foucauld rechaza que se metan en sus asuntos, se irrita, no quiere someterse, deja el ejército. Se le pone en la reserva “por doble indisciplina de conducta notoria”. Se embarca en marzo de 1881 hacia Marsella con Mimi; la pareja se instala en Évrian, ciudad de aguas sobre el lago de Ginebra, con baños y casino.


2. El despertar de su desierto interior

Una mañana de junio en la estación termal, abre el periódico, y ve un titular: “Insurrección en el Sur Oranés” y lee: “El 4º regimiento de cazadores está inmerso en pleno combate”; su sangre se paraliza: es su regimiento, sus camaradas. Lo deja todo en Evian, va a París, obtiene una audiencia en el Ministerio de la Guerra, quiere ir como simple soldado; le devuelven su grado; vuelve con los suyos; va al combate. Allí, según el testimonio del oficial Laperrine, se muestra como “un soldado y un jefe, soportando con gallardía las pruebas más duras”.

Después de la expedición al Sud-Oranés, Laperrine y su escuadrón parten hacia Senegal. Foucauld se quiere unir a estos; pero se lo prohíben; se queda acuartelado en Mascara, cerca de Marruecos; se enfada; sueña con la aventura, con la exploración. Foucauld se pone a estudiar el árabe, indispensable para cualquier proyecto en oriente; vive como un árabe, sentado en el suelo, con chilaba, impregnándose del país.Pide una baja temporal en el ejército y le dicen que no. Dimite. En su carta de dimisión hay la siguiente nota:”Este oficial no desea servir más que en caso de guerra. Va a realizar un gran viaje por Oriente”.


3. La profunda serenidad del desierto

Decide ir a Marruecos aún inexplorado. Elige los mejores medios para lograrlo: en primer lugar un disfraz para hacerse pasar por uno de estos judíos despreciados del Magreb. Después toma lecciones de hebreo y realiza un curso en la Sociedad geográfica de Argel, con quien establece una especie de contrato. Le exigen que le acompañe un guía seguro: Mardoqueo, un rabino marroquí que vive en Argelia. Su trabajo Reconocimiento en Marruecos, que obtuvo la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París y que podría servir para preparar una invasión a ese país, hace que lo comprenda plenamente. Describe admirablemente los paisajes, los dibuja de una manera depurada. La belleza del introduce hacia el sagrado. Al llegar una tarde a un pueblecito cerca del Sahara, a la puesta del sol, le estalla una “profunda calma”. Es lo que comparte con su amigo Henry de Castries el 8 de julio de 1901: «El Islam me produjo una impresión profunda. El ver la fe, de aquellas almas, que vivían en la presencia continua de Dios, me hizo entrever algo más grande y más verdadera que las ocupaciones mundanas .


4. El desierto de Dios

Alquila un apartamento en el número 50 de la calle Miromesnil en París; su tía Moitessier y su prima María viven cerca. Es un hombre sin Dios que vive sobriamente, con un alto tono moral de virtud pagana. Buscar las bases de su vida sin Dios, “en los libros de los filósofos paganos”, pero éstos lo decepcionan. Buscar entonces por el lado de las religiones. Y piensa que si su prima María, a quien admira, «es tan inteligente, la religión en la que ella cree tan profundamente no será una locura como pienso. Quizás esta religión no es tan absurda»(Écrits Spirituels, de Girod, París 1923, 79) Así, al igual que para su exploración había recibido lecciones de árabe, ahora «busca un sacerdote instruido para que le dé lecciones sobre religión católica», le dice en una carta a su amigo Henry de Castries el 14 de agosto de 1901. por recomendación de su prima va a la iglesia de San Agustín, muy próxima, donde el padre Huvelin es vicario, para quedar de acuerdo con él para tener conversaciones científicas. En la misma carta dice: «Lo encontré en su confesionario y le dije que no venía a confesarme, porque no tenía fe, pero que deseaba tener alguna explicación sobre la religión católica». De repente se encuentra ante una persona tremendamente acogedora, lleno de ternura, que la escucha y que simplemente le propone confesarse para ir a comulgar seguidamente.Foucauld dirá más tarde: “Tan pronto como creí en Dios, no quería vivir más que para Él».


5. La paciencia del desierto

El padre Huvelin, ahora su director espiritual, le hace peregrinar en el país de Jesús durante tres meses (noviembre 1888-febrero 1889). Nazaret, que entonces era un pueblo bastante sucio y lleno de barro en invierno, imagina a Jesús, a quien quiere imitar, “caminando por las calles”. Está decidido, él que antes quería ser famoso, ahora quiere “la humildad” como Jesús. Foucauld con treinta y dos años llega a la Trapa de Notre Dame des Neiges en el momento más duro de de invierno. Vida de monje muy reglada; ayunos, silencio, soledad, comunidad. No tiene dificultad para adaptarse; se le da el nombre de hermano María-Alberic.


6. La pobreza del desierto

Cinco meses más tarde se embarca en Marsella para la prelatura Akbés. Vuelve a Asia, bajo el imperio Otomano, en este Oriente que ama, no muy lejos de Tierra santa y de Nazaret. A pesar de vivir en la Trapa más pobre del orden no está satisfecho. Escribe al padre Huvelin: «Cree que tengo suficiente pobreza? No, somos pobres para los ricos, pero no pobres como lo fue nuestro Señor; no pobres como lo fui a Marruecos»(Lettres à l’Abbé Huvelin, 30 de octubre de 1890). Sueña con pequeñas comunidades reproduciendo la vida de Nazaret.

Deja la Trapa y vuelve a Palestina instalándose en Nazaret. Se convierte en sirviente de un convento de religiosas, habita en una pequeña cabaña hecha con planchas, donde se guardan los utensilios del jardín; hace las compras en el pueblo de Nazaret; trabaja la tierra y hace de albañil. Hombre para todo el servicio de las Clarisas.

Se dice que Nazaret no es sólo un lugar, sino «que es también un tiempo, el gran tiempo del silencio. En ningún otro lugar adquieren tanto peso y tanta fuerza la duración de las emociones silenciosas; donde destaca la figura de José, el padre adoptivo de Jesús, que es «el patriarca del silencio». Vivir Nazaret quisiera: «humildad, pobreza, trabajo, obediencia, caridad, recogimiento y contemplación» (A. CORBIN, Historia del silencio, Fragmenta Editorial, Barcelona 2019, 85-86). En este tiempo de Nazaret 1897-1901 es cuando realiza la mayor parte de sus Ecritos Epirituales.


7. La entrega en el desierto

Celebra la misa por primera vez en Beni Abbès el 29 de octubre de 1901, quince años después de su conversión. Se instala entre el pueblo árabe y la guarnición; le ayudan a construir un habitáculo: es muy simple; tiene una capilla destinada al Corazón con los brazos abiertos. A este lugar se le llama la “Khaoua”, la “fraternidad”; y él no es el padre Foucauld, sino el hermano Carlos. En una carta a su prima le dice: «Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos o increyentes, a que me consideren su hermano universal. Mi vida transcurre entre la oración; después recibir visitas (que lleva mucho tiempo), algunos oficiales, muchos soldados, muchos árabes, muchos pobres a quienes les doy cebada y dátiles en la medida de mis posibilidades“(Carta a la Sra. Bondy, el 7 de enero de 1902).

Descubre que hay poblaciones más abandonadas: los tuaregs. Escribe en su carnet de notas el 11 de agosto de 1905: “Tamanrasset, pueblo de veinte fuegos en plena montaña. Corazón del Hoggar y del Dag Rali, su principal tribu. He elegido este lugar abandonado y me instalo en él. Quiero seguir como único modelo de vida a Jesús de Nazaret».

Construyó en la montaña del Hoggar una pequeña casita a 2.600 m de altitud, sobre una plataforma de quinientos metros de diámetro, el Asekrem. Este es un cruce central de caminos de este macizo montañoso, es un punto de encuentro; donde los nómadas acampan allí en verano, lugar de paso de las caravanas. En esta ermita Foucauld trabaja en los estudios de la lengua tuareg. Este sitio favorece que tenga numerosas y largas visitas.


8. La conversión del desierto


El 2 de enero de 1908 Foucauld cae profundamente enfermo. Su fin parece cercano. Los Tuaregs el curan. En medio de una terrible sequía, llegan a encontrar cabras que tengan un poco de leche para alimentarlo. El salvan aquellos que la recibieron.

La guerra extiende sus tentáculos a través del mismo Sahara; los saqueadores hacen incursiones en el Hoggar, aprovechando que han retirado los soldados de la región para enviarlos al frente, y por otro lado, de la Tripolitania vienen grupos armados senusitas, aliados con Turquía, que pasan la frontera y amenazan a Tamanrasset. Foucauld que les ha dado su vida, quiere, como una madre, protegerlos. Prepara un fortín con provisiones. El 23 de junio de 1916, escribe a su prima: «me he instalado en un recinto fortificado, alrededor de un pozo, que pueda servir de refugio a la población en caso de ataque. Pienso viendo mis almenas, en los conventos fortificados del siglo X». Un mes antes de su muerte, le dice de nuevo a su prima que es” un lugar de refugio defendible “. Está dispuesto a defender a su gente hasta el final.


9. Los frutos del desierto

Las repercusiones de la primera guerra mundial llegan al Hoggar. La violencia y la inseguridad dominan estas regiones. Durante la mañana de el 1º de diciembre de 1916 escribe a su prima: “Nuestro empequeñecimiento es el hecho más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas“. Al atardecer del mismo día, durante una operación de los rebeldes senusitas, se deja coger sin resistir y lo matan al ver llegar a dos soldados franceses que llevaban el correo. Una muerte anónima y cobarde en tiempo de guerra, como tantos hombres y mujeres la vivieron en el siglo XX. Pero como una semilla, ha dado mucho fruto, ya que el desierto es el lugar donde se intuyen las grandes cosas.


10.Hay que pasar por el desierto


“Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios: es el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios, y donde se vacía completamente la casita de nuestra alma para dejar todo el sitio a Dios solo. Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió en él antes de recibir su misión, san Pablo antes de salir de Damasco fue a pasar tres años en Arabia, san Jerónimo y san Juan Crisóstomo se prepararon también en el desierto. Es indispensable. Es un tiempo de gracia. es un período por el que debe pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto, es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de toda la creación, en medio de la cual Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad. […] y es en la soledad, en esta soledad tan sólo con Dios, en un recogimiento profundo del alma que olvida toda la creación para vivir sólo en unión con Dios, donde Dios se da entero al que se da todo entero a Él» (Carta escrita desde Nazaret al padre Jeronimo el 19 de mayo de 1898)

1 de Diciembre en Córdoba (Argentina)

Tras los pasos del hermano Carlos de Foucauld y nuestro santo Brochero.                                                                                 

La imagen puede contener: Familia Carlos de Foucauld, texto

Invitación a la Primera Bienal de Charles de Foucauld en Cahuila (México)

Jueves 28 de Noviembre de 16 a 20 horas en la Universidad Autónoma                                                                                

Charles de Foucauld: encontrar a Dios en el desierto (libro)



Libro de José Luis Vázquez Borau editado por la Editorial Digital Reasons.                                                                                     
Hemos titulado este libro Charles de Foucauld, Encontrar a Dios en desierto con la intención de mostrar que el proceso del encuentro con el Señor Jesús y con los hermanos implica un camino y una conversión. La palabra «camino» en el Evangelio de Lucas, que incluye su Evangelio y los Hechos de los apóstoles, la emplea el autor como medio que le permite situar adecuadamente la obra de Jesús, el puesto de la Iglesia y la tarea que está llamada a realizar. «El concepto, tanto en el Antiguo Testamento y judaísmo como en el Nuevo Testamento, tiene sentido ético, pero en Lucas adquiere además sentido soteriológico, pues es el camino de la salvación (He 16,17), el camino del Señor (He 18,25), el camino de Dios (He 18,26)». Así, pues, la palabra «camino» sugiere movimiento entre dos puntos mutuamente relacionados, uno como punto de partida y otro como punto de llegada. Y la palabra «conversión», en el lenguaje bíblico, expresa la idea de un cambio radical de dirección. San Pablo recuerda que los dos elementos fundamentales de la conversión son el regreso a Dios y el cambio del modo de vida: «Les he predicado que se arrepientan y se conviertan a Dios observando una conducta de arrepentimiento sincera».

2019/11/26: Presentación del libro "Encontrar a Dios en el Desierto"

El libro de José Luis Vázquez Borau se presentará en Barcelona el próximo 26 de noviembre.                                                         


El sueño de Carlos de Foucauld: una casa que se llama Fraternidad


Entrega a la basílica de San Bartolomé en Roma de una de sus herramientas de trabajo.                                                            

La Basílica de San Bartolomé de Roma, santuario de los Nuevos Mártires, ha recibido un objeto de trabajo que perteneció al beato hermano Carlos de Jesús: la paleta con la que construyó su última casa en Tamanrasset, en el Sáhara, con el emblema del corazón y la cruz, Jesús Caridad, símbolo de las comunidades que surgieron tras su muerte.

Es un regalo de gran valor que entregó la responsable de la casa de las Hermanitas de Tre Fontane, la hermanita Luigina, y que fue colocado en el altar de los mártires de África. La oración estuvo presidida por el padre Angelo Romano, párroco de la basílica, y contó con la presencia del padre Gabriele Faraghini, rector del Seminario Romano Mayor, de Bernard Ardura, postulador de la causa de canonización (el hermano Carlos fue beatificado el 13 de noviembre de 2.005), de una amplia representación de la Comunidad de las Hermanitas de Jesús, de Andrea Riccardi y Marco Impagliazzo, fundador y presidente respectivamente de Sant’Egidio.

Más información:
https://www.santegidio.org/pageID/30284/langID/es/itemID/33120/El-sue%C3%B1o-de-Charles-de-Foucauld-entre-los-pobres-del-desierto-argelino-una-casa-que-se-llama-Fraternidad-Entrega-a-San-Bartolom%C3%A9-de-una-de-sus-herramientas-de-trabajo.html

En Marruecos: otro discípulo de Carlos de Foucauld

Artículo publicado en la Revista de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld de noviembre de 2.019.                                    


Hermano Charles-André Poissonnier, 
el hombre de las manos de la luz
Laurent Touchagues
 
Aquí hay otro hombre de Dios que dedicó su vida a Marruecos, bajo la inspiración de San Francisco y Charles de Foucauld.

André Poissonnier nació en 1897 en Roubaix en una gran familia cristiana. Es el sexto de ocho hijos, incluido un sacerdote. En 1915, durante su retiro de la graduación, se enteró del Padre de Foucauld, quien inspiró toda su vida cristiana. A los 22 años, en 1919, se fue para unirse a uno de sus hermanos en Marruecos, en una granja. Aprende bereber y árabe. No hay sacerdote, ni doctor, ni escuela dentro de cincuenta o cien kilómetros. Para asistir a la misa de Navidad en Rabat, viaja cincuenta kilómetros a caballo y treinta en un vagón de carga abierto.
 
En 1921, André Poissonnier regresó a Francia con motivo de la muerte de su padre. Nueva jubilación: su vocación marroquí es clara. Y será la vocación religiosa. Lee la vida de Charles de Foucauld, de René Bazin, que acaba de ser publicada. Es amor a primera vista: "Sabes la profunda impresión que me ha dejado esta lectura, la meditación de la vida de Jesús en su humildad, su pobreza, su miseria. Me dije a mí mismo que si hubiera vivido y fundado una Orden, me habría dirigido a él". André sueña con el sacerdocio. Entra así el 8 de diciembre de 1923 en los franciscanos, en el noviciado de Amiens y luego en el escolasticado de Mons (Bélgica), tomando el nombre del hermano Charles-André en su toma del hábito franciscano (la elección del primer nombre de Charles se realiza en referencia a Charles de Foucauld). Ordenado sacerdote el 5 de agosto de 1928, se embarcó en Marsella un año después, el 5 de octubre de 1929, para Marruecos. Primero es enviado a Marrakech, para dar vida a la parroquia de la Medina. Pero el padre Charles-André quiere encontrar un ministerio en el centro bereber.

Tazert llama su atención por su zoco. Las obras de instalación comienzan el 2 de julio de 1929, fiesta de la Visitación, misterio (muy mimado por Charles de Foucauld) al que el Padre quería consagrar su fundación. En 1931, la capilla es bendecida y se inaugura el dispensario. Desde ese momento hasta febrero de 1938, el Padre Charles-André llevará una vida ermitaña dividida entre la oración y el servicio de sus hermanos bereberes, recibiendo a los enfermos en el dispensario, definiéndose a sí mismo como "el ermitaño del pésimo", pero su amabilidad fastidiosa apodado "el hombre con las manos de la luz ".
 
Sigue hacia los musulmanes las intuiciones de San Francisco, y actitud evangélica que también es la de Charles de Foucauld. Se vincula con el padre Albert Peyriguère, con quien comparte el mismo amor por Marruecos y la pobreza, y la misma tarea en el dispensario. Él escribe: "Tengo la impresión de que en mí Cristo se ha convertido en marroquí y le gusta orar por sus hermanos marroquíes". Después de Marrakech y Tazert, también vivirá en las altas montañas de Abadou.
 
El padre Poissonnier distribuye pan a veces a 3.000 personas en un día, luego los trata en las colinas vecinas, a su hogar distante, enterrando a los muertos, víctimas de la hambruna o la epidemia de tifus, sin tratar de evitar el proximidad de los nativos. Y los días están llegando a su fin como han comenzado: ante nuestro Señor, quien " contempló tan de cerca toda la escena, desconocida para esta multitud, para esas miles de personas que se han acercado tanto a él sin saberlo; nunca cesó de rezar a su Padre por su salvación "(Carta del 11 de enero de 1938).
 
El hermano Charles-André muere de tifus en Marrakech el 18 de febrero de 1938, a la edad de 40 años: "dar la vida por amor a Jesús considerado a través de los hermanos es el hechizo más deseable"
 
Durante veintidós años había tenido un solo deseo, una inspiración. Lo tenía de Charles de Foucauld.

Su amigo franciscano Abel Fauc, con la Madre Verónica, fundó un pequeño monasterio de monjas de la Resurrección, originalmente de Aubazine en Corrèze, que se estableció en la ermita de Tazzert y se dedica a la Visitación.

2019/11/18: VII Jornadas de Desierto On-line

El tema de este año será: "Espiritualidad evangélica con Carlos de Foucauld".