Como una aceituna olvidada en el olivar

Mons. Fran­cis­co Ce­rrro: Re­co­noz­co que des­de el Se­mi­na­rio de Cá­ce­res, que leí la vida del P. Fou­cauld, que­dé im­pre­sio­na­do.                
 Carta Pastoral publicada en www.agenciasic.es
 

Reco­noz­co que des­de el Se­mi­na­rio de Cá­ce­res, que leí la vida del P. Fou­cauld,que­dé im­pre­sio­na­do. La bio­gra­fía es­pi­ri­tual es­cri­ta por Jean Fra­nçois Six me hizo mu­cho bien y des­cu­brí una vida sa­cer­do­tal de po­bre­za, de hu­mil­dad,de bus­car el úl­ti­mo pues­to, de no bri­llar. Como San Fran­cis­co de Asís, que solo se que­dó en diá­cono por­que no se sen­tía digno de ser sa­cer­do­te, tam­bién este fran­cés bus­ca­dor in­can­sa­ble de la vo­lun­tad de Dios no se abrió al sa­cer­do­cio por hu­mil­dad has­ta que una con­tem­pla­ti­va cla­ri­sa de Je­ru­sa­lén le in­di­có que Je­sús, ya na­ci­do po­bre en Be­lén y ocul­to en Na­za­ret, ya era sa­cer­do­te.El sa­cer­do­cio no tie­ne nada que ver con dig­ni­da­des hu­ma­nas, sino con la en­tre­ga como la Eu­ca­ris­tía, pan par­ti­do y san­gre de­rra­ma­da y con la ke­no­sis,el aba­ja­mien­to del amor. La gran­de­za sa­cer­do­tal está en po­ner­se y vi­vir de ro­di­llas ante los em­po­bre­ci­dos.

Sa­cer­do­te es el que se iden­ti­fi­ca con Cris­to, Buen Pas­tor, y en­tre­ga su vida por amor, en hu­mil­dad y con­fian­za.

Tres años vi­vió en Tie­rra San­ta, y por úl­ti­mo se lan­zó a Áfri­ca a vi­vir en­tre los po­bres, con los Tua­regs. Se sien­te lla­ma­do a evan­ge­li­zar des­de la bon­dad, des­de ha­cer­se ami­go de los hom­bres, des­de vi­vir como ellos y con ellos. Fou­cauld no fue con­trin­can­te que bus­ca el po­der, el te­ner, el éxi­to, sino el hom­bre pro­funda­men­te de Dios que tra­ba­jó in­can­sa­ble­men­te por evan­ge­li­zar in­clu­so con ex­pe­rien­cia de apa­ren­te fra­ca­so. Poco an­tes de mo­rir dejó es­cri­to: “Creo que voy a mo­rir ya pron­to y no he con­ver­ti­do a na­die”. Fue como el grano de tri­go que cae en tie­rra y el fru­to él no lo vio, pero se dio sin lu­gar a du­das, si no que se lo pre­gun­ten a su in­men­sa fa­mi­lia de hom­bres y mu­je­res con­sa­gra­dos, sa­cer­do­tes y lai­cos que han se­gui­do al Se­ñor a tra­vés de su pro­fun­do ca­ris­ma de evan­ge­li­zar des­de sig­nos po­bres y des­de los lu­ga­res don­de evan­ge­li­zar se hace a ve­ces he­roi­co. En to­das las fron­te­ras y en to­dos los rin­co­nes de la tie­rra qui­so lle­var a Je­sús este aven­tu­re­ro a lo di­vino con sig­nos hu­ma­nos po­bres Él nos en­se­ña a “no ti­rar la toa­lla” y es un re­fe­ren­te para sa­lir a evan­ge­li­zar, una Igle­sia en sa­li­da, como nos está re­pi­tien­do nues­tro XIV Sí­no­do Dio­ce­sano. Este hom­bre unió en una sín­te­sis ar­mo­nio­sa fe y vida, con­tem­pla­ción y lu­cha por los po­bres.

Al fi­nal de su vida, una de las más evan­gé­li­cas de to­dos los si­glos dejó es­cri­to que su vida ha­bía sido vi­vi­da como un “via­je­ro en la no­che” y ol­vi­da­do “como la acei­tu­na que ha que­da­do ol­vi­da­da des­pués que el oli­vo ha sido co­gi­da la acei­tu­na”. Su vida, lle­na de san­ti­dad des­de la po­bre­za, y el ol­vi­do de sí.

Una per­so­na que no deja in­di­fe­ren­te a na­die y que mues­tra con la pe­ren­ne
sa­bi­du­ría del Evan­ge­lio el ca­mino que tie­ne que re­co­rrer la Igle­sia para ser fiel a Je­sús de Na­za­ret.

+ Fran­cis­co Ce­rro Cha­ves
Obi­so de Co­ria-Cá­ce­res
 
Enlace al artículo original:

Presentación del libro: La Estela de Carlos de Foucauld (Vídeo)

Presentación de libro La estela de Carlos de Foucauld ofrecida por su autor D. José Luis Vázquez Borau en la Librería ARS de Zaragoza el 31 de Mayo de 2016.


La espiritualidad del Padre Carlos de Foucauld en la Oración del Abandono

Ésta resume el itinerario espiritual de su vida, de modo que advertimos Palabra para ser Vivida.                                              
  
INSTITUTO DE ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS “P. FÉLIX VARELA” (CUBA)
DIPLOMADO DE TEOLOGÍA
Gloria Bauzá
A Hermanitas de Jesús,
Hermanitos de Jesús,
y a la Familia Espiritual toda
del Hermano Universal Carlos de Jesús.




PREÁMBULO

¿Cómo resumir con palabras la espiritualidad del Hermano Universal, Carlos de Foucauld? ¿Cómo internarse en el espíritu de un Santo Varón? Se pudiera intentar, en vez de discursos retóricos, ofrecer a los hambrientos, a los sedientos de cielo, pistas que los conduzcan al manantial, al árbol. Estas pistas serían palabras-semillas: desierto, pobreza, abajamiento, abyección, oración contemplativa, silencio. Palabras-Gestos de vida: conversión, clausura sin claustro, inmolación, redención, amor de corazón, convivencia con nómadas, estancia en la nada, adoración permanente, bautismo de fuego: una bala en su cabeza de nimbo angélico… Por dar extrema síntesis a su espiritualidad, se podría incluso trazar en la arena el emblema de su pechera: la Cruz clava en el valle intramontano de las aurículas del Corazón de Jesús.

La espiritualidad del Padre Carlos de Foucauld es la del último más contemporáneo de los Padres del Yermo, que fue llamado por Dios a vivir para sembrar la Presencia en todo lugar del mundo; hasta el último confín. Él quería ser el último, pero sabía que el último lugar nadie puede arrebatárselo a Jesús; quien es a la vez el Buen Pastor y la oveja noventa y nueve, la cien: en verdad el Alfa y la Omega.

Es el P. de Foucauld adelantado y continuador de Su obra en lo oculto de todo Nazaret. Es un discípulo actualizador, un cristo pequeñito. No nos detengamos en peripecias, ni descripciones sensuales de su devenir; es imprescindible ir a la esencia, si de espiritualidad se trata. No veamos lo espiritual en términos blandos, sino en su sentido fuerte “animado del Espíritu Santo”, porque animado por Él vivió toda su vida el P. Carlos de Foucauld (Estrasburgo 15 septiembre 1858- Tamanrasset 1º diciembre 1916; Francia-Sahara Argelino).

No intentemos fijar etapas con precisión: la de su orfandad, la de su expedición por Marruecos, la del militar en Argel, la del noble de vida galante en París, la de su conversión, la de su ordenación: benedictino, trapense, jadinero de las Clarisas de Nazaret y Jerusalén; la del sacerdote del Gesto Oculto que siembra la Presencia, entre los tuaregs, en lo más árido del Sáhara… Todo itinerario espiritual es, en definitiva, el continum de una búsqueda a Él que Desde Siempre, nos busca.


INTRODUCCIÓN A LA ORACIÓN DE ABANDONO

Yo no hago ninguna petición solamente para mí,
yo no digo “Mi Padre” sino Nuestro Padre…
todo lo que pido en el Padre Nuestro lo pido,
o para Dios, o para toda la Humanidad”.
(Meditación sobre el Padre Nuestro del P. de Foucauld 23 de enero de 1897)

La Oración de Abandono1 no está hecha verso a verso por el P. Carlos de Foucauld como poema. Los fragmentos que la componen son extractos de sus escritos, agrupados, estructurados y participados por sus hijos espirituales en maravillosa co-operación o co-laboración, o mejor aún en comunión orante. Ésta resume el itinerario espiritual de su vida, de modo que advertimos Palabra para ser Vivida. No hay retórica, no percibimos en ella el regusto por lo sensible lo florido, la búsqueda de vocablos que paladean con fruición lo sensual. Estamos frente al Silencio en el Camino. El sentido es de Adoración, contemplación gratuita. Si gozamos su poiésis es porque el trascendental de la Gloria de Dios, el pulcrum, lo Bello lo ha traspasado. Las palabras son esenciales. Los verbos equilibran acción y pasión orante. Hay en el texto de la Oración de Abandono una teodramática donde subyace el tráfico conflicto del hombre y su voluntad frente a la Voluntad del Padre. La onagnórisis y la catarsis le traspasan: el bonum, lo bueno del segundo trascendental, propicia el restablecimiento de la Unidad, a través de la circularidad y el continum del Amor que logra la Teológica: la Verdad, veritas del tercer trascendental, que sale del Padre y al Padre va. Los trascendentales son intercambiables; la fijeza está en el ser-ente, que marca la Senda, el camino angosto, el ojo de la aguja.

En su estructura externa la Oración de Abandono está constituida por diecisiete versos, a veces dieciséis, otras un poco más. Hay respiraciones más cortas y respiraciones más largas, inspiraciones hondas y suspiros… Está escrita en arte menor, y si sentimos su-presión, es porque está hecha para ser vivida desde la pobreza del hombre necesitado, del hombre en la sarx.

ORACIÓN DE ABANDONO


Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que tu voluntad 
se haga en mí
y en todas tus criaturas.




No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre

MOVIMIENTO DE LA ORACIÓN
(Algunas correspondencias a partir de una lectura verso a verso)

1. Padre mío,
Dirigida al Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo, como toda Oreación cristiana expresa ante todo la condición filial, reconocemos la grandeza de su amor y su generosidad al poder llamarlo Padre. La Oración de Abandono es cristocéntrica y contemplativa; espejea en la Oración Universal que Jesús nos entregara (Mt. 6,9-13). La O. de Abandono es la llamada silenciosa del orante para entablar conversación. Renuevo de conversión en la búsqueda permanentemente actualizada del encuentro con Dios. El personalísimo Padre mío posibilita una solitud, una comunicación expedita; que no exime el carácter comunitario de toda Oración cristiana.


2. Me abandono a Ti.
Es el anonadamiento per se. El reflejo de la kénosis del Verbo entrando en la sarx. La Encarnación de Jesús expresada tan sintéticamente en el prólogo joánico renunciando a su divina majestad. Paralelamente es el desapego y desprendimiento del orante cntemplativo, la comprensión de su nadidad; el vacío vuelto recinto para el Huésped. El horror vacuis salvado por la FE. Abandono es clave, llave desde la misma titulación de esta Oración, que nos muestra a través de su nombre identidad y misión. Abandono es oblación. Al mismo tiempo que es obediencia (ob-audire); ese estar atentos para escuchar, que vierte agus en el viejo shemá (Dt. 6, 4-6), en el ahora Nuevo Israel.


3. Haz de mí lo que quieras.

El verbo hacer aparecerá tres veces en el texto, propiciando una continuidad gradual. Hacer es uno de los verbos que junto a crear determinan la acción de dios desde el mismo Genésis. Tanto en Gén. 1 como en Gén. 2 están referidos a la Creación. En el corpus del himno joánico aluden directamente a la Nueva Creación. Las reiteraciones del verbo hacer le confieren a la Oración de Abandono carácter litúrgico, amén de la expansión-continuidad de un verbo “aoristo”… Haz de mí lo que quieras no es haz de mí esto o aquello por magno o mínimo que sea: es abandono total; también petición súplica; reclamo reverente. Evoca la letanía: “Quiero Señor lo que quieras/ quiero porque lo quieres/quiero hasta que quieras”.

4. Lo que hagas de mí te lo agradezco,
Es Acción de Gracia. ¡Aleluya! Conciencia amorosa del orante de que la obra de la Creación toda tiene por fin la Salvación (soteriológico). Hay en la gratitud ofrecida, santificación santificante. La certeza de la generosidad del Señor. Jesús, renuevo de Creación, es la manifestación en la carne del Misterio de Dios y el Misterio del Hombre reunidos; son dos naturalezas y un mismo ser, propiciando la creación del hombre nuevo. El agradecimiento es una forma plena de ad-orar. Porque si no sabemos orar no podemos adorar.

5. Estoy dispuesto a todo,
Conformado a Cristo y en perfecta Imitación y Seguimiento se apresta el orante al pleno, es la disponibilidad para asumir el mandato del Padre. No obstante, marca una primera instancia potencial, tiene matiz de preparación, de velar estando despierto; esto no es pasivo: Jesús muchas veces exhorta a sus discípulos a la vigilia vigilante (Lc. 22,46). Pues nadie sabe cuándo será la Hora, sólo el Padre. Solo Él propiciará el pleno.

6. Lo acepto todo.
Aceptación más que potencia es acto. El orante como Cristo, llegará hasta las últimas consecuencias de su prosternarse activo y militante, revestido el orante de la armadura de Dios (Ef. 6, 10-17). En su Oración en los Caminos, entre un paso y otro, no evadirá el descendimiento y la abyección. No hay redención sin sacrificio, no habrá plenitud, sin asumir incondicionalmente la pertenencia exclusiva a Dios.

7. Con tal que Tu voluntad se haga en mí
Este es el centro y núcleo de la Oración. Si el anonadamiento es Vía Crucis, el cumplimiento de la Voluntad Divina, el fiat volutas tua es lo que propicia el cierre en el consumatum es, que abrirá la Puerta a Hombres Nuevos. El Misterio de la Voluntad de Dios atraviesa toda la Historia de la Salvación. Este verso de la Oración de Abandono recibe aguas de múltiples arroyos tanto del AT como del NT. Del AT, pudiéramos puntualizar el Sal. 40 que leído a la luz kerigmática refiere de modo especial a Cristo y también expresa la súplica del pueblo en las pruebas. La auténtica Fe y Esperanza que obedece y se somete a la Voluntad de Dios. Obediencia conducente a la plenitud del Camino, la Verdad y la Vida. Está también presente el Sal. 22, el que ora Jesús en la Cruz; pues éste en el salterio termina manifestando la confianza en Dios. En el NT están las aguas del Padre Nuestro: “Hágase Tu voluntad”; que nada tiene que ver con legalismos. El Padre Nuestro es resumen del Evangelio. La Oración Universal que deja Jesús a sus discípulos… En Getsemaní (lagar de aceite), donde el Ungido tendrá el preámbulo de su Pasión también alude ala Voluntad del Padre orando: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú (Mt. 26,39) Tendremos luego en las siete palabras finales de Jesús en la Cruz, nuevamente, dado con gestos explícitos y palabras implícitas el “Hágase Tu Voluntad”, y su cumplimiento: consumatum es…El Padre Nuestro es Documentun, y la Oración del Padre de Foucauld, espejo: documentum.

8. Y en todas tus criaturas,
El Hermano Universal en su amorosa sapiencia nos deja entrever que la Voluntad del Padre lo envuelve todo, todo lo penetra en su omnipotencia. ES unificación de todo lo creado, unificación de la familia universal, de remotas alusiones tanto en Gén. 1 y 2, como en el pasaje veterotestamentario de Noé con “su arco en el cielo” (Gén. 9, 13-14,16). Es el todo creado que se expresa en el Símbolo de los Apóstoles que se explicita en el Credo Niceno constantinopolitano. Es la voluntad de vida histórica y transhistórica de cariz salvífico, parúsico y escatológico que apunta a la Nueva Creación, plasmada en el Apocalipsis Joánico.

9. No deseo nada más Dios mío.
Aquí está el decir de Santa Teresa de Jesús, tan leída por el P. Carlos de Jesús. Se perfila su síntesis: “Solo Dios basta”. Abandonarse a su voluntad no es escape del mundo, todo lo contrario. El P. de Foucauld sabe que el abandono no está en nuestro poder, pero debe ser querido y deseado; esperando ser consumado por acción de Dios. Esta es la verdadera iniciativa del contemplativo: No desear nada más que la voluntad de Dios. Como nos dice el P. René Voillaume, el materializador de las Fundaciones, que soñara y reglamentar de Foucauld: “Clausura y silencio son los medios, más no es un volcarse sobre la técnica”…Esta vez el Padre Carlos se dirige al Señor, Dios mío; lo invoca a través del Nombre que entraña todos Sus nombres, o sea, su totalidad. Entregado a Él, mediante la fe, por la Gracia de la Presencia de Cristo, en el Espíritu Santo; es que alcanzamos un rayo de contemplación. Será como dijo otro de los místicos muy leídos por el Padre de Foucauld, San Juan de la Cruz: “Olvido de lo creado, Memoria del Creador”. La Voluntad de Dios enlaza el Misterio de Dios y el Misterio del Hombre en Jesús. La criatura humana no es Dios, mas Cristo nos dice: “Dioses sois”. Pero no nos envanezcamos; sino adviértase la Responsabilidad.

Hay una axialidad interna en la estructura de la Oración de Abandono; si del verso uno al nueve se trabaja con el abajamiento desde la Voluntad; del verso diez al diecisiete se trabajará por el Amor. Será en definitivas la voluntad amorosa del acto de entrega. Verso a verso, la Oración va aligerándose, abandonándose, dándose; parte por parte se deconstruye el hombre viejo, y muere, para configurarse a Cristo: Hombre Nuevo.

10. Pongo mi vida en Tus manos.
El orante enfatiza su oración contemplativa. Los verbos que irán apareciendo son de rotunda donación. Si Dios nos crea con manos de Alfarero, y el hombre por desobediencia introduce el pecado en el mundo, resquebrajando las vasijas; el Modelo mismo, el Nuevo Adán nos habrá de restituir y salvar, si nos ponemos en sus manos. En este acto de desapego y muerte al hombre viejo, al Nicodemo (Jn. 3, 1-21) de los oscuros callejones y la cita a escondidas con Cristo en un oculto recinto, nos propiciará la metanoia a partir de morir a todo lo que no es Dios.

11. Te la doy, Dios mío,
Dar la vida es acto supremo de inmolación: sacrificio. Todo lo verdadero lo entraña. El ser a Imagen y Semejanza de Él. Hacerse transparencia en Él, para que en la renuncia el mundo pueda decir, y cito al Padre de Foucauld: “Porque si tal es el esclavo, cómo será el Señor”. El sacrificio es la Cruz del Cristo Redentor. La contemplación es reparación y redención. La Cruz símbolo de Cristo y la cristiandad es escogida por el Hermano Carlos de Jesús como uno de los aspectos que componen el emblema de su pechera.

12. Con todo el amor de mi corazón,
El proyecto cristiano es de reunión de todo en el Amor. El Sagrado Corazón de Jesús es adoración permanente del P. de Foucauld. El corazón desde la cultura judaica ancestral es el símbolo de lo más íntimo del ser, el leb, es la plenitud de la conciencia. Ya en Cristo, el corazón es el Logos mismo, lo más noble e íntimo de su Caridad, de su Misericordia (miseri-pobre, cordia-corazón). Por eso cuando el Padre Carlos nos dice que se da con todo el amor de su corazón de contemplativo, asistimos a su transverberación. Es el lenguaje espiritual de lo más altos místicos. Vemos a Santa Margarita María de Alacoque, a Santa Teresita del Niño Jesús, a toda la tradición de la Iglesia francesa que vibra en el Sagrado Corazón; pero asistimo igualmente a la tradición de la Iglesia toda. Al magisterio de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz, de San Pedro de Alcántara, de Santa Rita de Casia, de Santa Catalina de Siena, de Santa Catalina de Ricci… Pues vemos en cada momento de crisis del mundo corazones de contemplativos transverberados. En regresiva, pudiéramos llegar hasta los Santos Padres y los Padres del Desierto: los Abba, como cariñosamente llamaban a sus eremitas; que por acercarnos la Parusía se inflamaban de Amor hasta arder como zarza en las arenas. Sagrado Corazón: núcleo mismo del Modelo del hombre, centro de Cristo que hirió la lanza del centurión y de donde manó agua y la sangre que lavan el pecado del mundo; estás evocado del sehmá del Credo judaico que nos dice: “Escucha Israel con todo tu corazón…” Más si todo esto tenemos en regresiva, tenemos también pares de permanente actualidad, entre los que podemos contar al Padre Carlos de Foucauld; el Corazón de Cristo es el pilar que completa su emblema: un Corazón con una Cruz clavada en el valle intramontano de las dos aurículas. Todo rojo cruz y corazón; símbolo de sacrificio amoroso en la pechera de un blancor inmaculado, que reposa sobre el propio corazón de, de Foucauld, trasvasándolo. Este Padre, de finas intuiciones inspiradas por el Espíritu Santo, hizo muchas veces extraordinarias maqueta sígnicas de espiritualidad: planos, trazados, dibujos, amén de sus escritos.

13. Porque te amo,
La necesidad de mayor es el principio de toda la vida del Padre Carlos de Foucauld, ella explica toda su espiritualidad. Dios es Amor. El mandato único de Jesús es el del Amor, de modo que darse en amor es simplemente ser en Cristo. El Amor es simple, muy simple, simplemente Es. Por eso es una de las definiciones más universales y completas de Dios. Jesucristo es la Buena Nueva de Amor, anunciada desde el AT: y que tiene cumplimiento en su kerigma, en el sentido fuerte de este término. Mas si queremos tomar un hermoso pasaje bíblico acerca del Amor vayamos a la epístola paulina de 1 Cor. 13.

14. Y porque para mí amarte es darme,
Vemos que el Padre Carlos va subiendo la secreta escala, lo advertimos en los peldaños de donación de sus verbos, en la casi litúrgica reiteración que va del doy al darme; en el próximo verso dirá entregarme… En la definición dada con “amarte es darme”, el Padre de Fouauld delinea la entrega total del orante a Dios. En los versos doce, trece y catorce tenemos un jalonamiento de Amor, pues para amar hace falta: un Amado, un Amante y el Amor, es una trinidad inseparable. Por eso de Foucauld nos dice: “Este es el secreto de mi vida: Perdí el corazón por este Jesús de Nazaret… y paso la vida tratando de imitarlo en la medida que lo permite mi debilidad”. Porque quien ama se da, se ofrece y quiere imitar al Amado. El P. Carlos quiere ser comido por todos como Jesús Eucaristía.

15. Entregarme en Tus manos sin medida,
El cristianismo todo es una sucesión de entregas. De entregas por Amor está escrita la historia de la Salvación. Por amor el Padre entrega al Hijo. Por amor el Hijo se entrega y abaja en la Encarnación. Por amor el Hijo entrega el Espíritu en la Cruz. Por amor a los hombres y su hermandad con nosotros es que Cristo entrega y propicia nuestra filiación divina… El Hermano Carlos de Foucauld se entrega sin medida, sin tasa; porque la medida de todas las cosas es Cristo, y él, su Hermano Universal se está entregando sin medida a la Medida Inconmensurable. Este es el amor de una Amada a su Amado, que nos remite a los finísimos tapices del entretejido místico del Cantar de los Cantares, atribuido a Salomón. Entregar todo el ser a Dios, “ir a la oración para dar sin que sepáis muy a menudo que dais, sin ver lo que dais”, como nos esclarece el Padre Voillaume.

16. Con infinita confianza,
Volvemos al Sal. 40,5: “Feliz el hombre que pone en Dios su confianza”. Se trata de la fe, de la fe viva, que halla su eco más claro y antiguo en Abrahán, pero que traspasa toda la Sagrada Escritura; haciéndose hermosa en los poemas del servidor Is. 49-53. Fe que nos pide a todos vocación de sacrificio, vocación de cristos. Tener confianza es abandonarse en el Señor y tener conciencia de corazón, de que el plan salvífico es para la instauración del Reino. La salvación es por la fe (Rom. 3, 21; Fil. 3,9). Pero la fe no se limita a la aceptación tácita de creencias, sino que reconoce el designio de Dios (Mt. 11, 16-24; Lc. 7, 30). A través los acontecimientos de hoy es importante tener en claro que la fe tiene que ser actuante y actual. De esto tuvo perfecta conciencia inspirada en el Espíritu, el Padre Carlos de Foucauld, quien actualizó una amplia serie de modos, un tanto anquilosados en el entonces… En el ejercicio del magisterio eclesial las grandes crisis históricas siempre han parido cristos, verdaderos seguidores del Espíritu de la Palabra. El Concilio Vaticano II recogería en sus Actos Conciliares muchas de las más preciosas y adelantadas inspiraciones de la espiritualidad foucauldiana. Su largo itinerario espiritual ha tamizado en su carne lo que pudiéramos llamar períodos y períodos de la historia de la cristiandad; esos, los impulsan a dar unos cuantos pasos más en el adelantamiento humano, y buscar más que un camino de oración una Oración en Camino…de Nazaret…de Getsemaní y la Cruz. Como Cristo, él abre sus brazos, no solo en cato de acogida sino de ofrecimiento; entre una mano y la otra tiende el puente entre los cismas humanos. Se entrega, como sutura, que cierrra la herida del mal. La perfecta imitación de Cristo, del Padre Carlos, permite que Dios nos regale un Hermano Universal a su imagen y semejanza. Un santo varón que puede terminar su Oración contemplativa y activa de Abandono, diciendo:

17. Porque Tú eres mi Padre.
Perfecto cierre de circularidad peregrinante, donde del Padre mío inicial se acerca más aún, al mi Padre: al Padre Nuestro. Ese que un día un discípulo rogara al Maestro, lo enseñara a orar, y que la tradición y el magisterio eclesial, han mantenido siempre por ser Palabra de Dios. La Oración de Abandono termina como comienza: invocando a Dios como Padre; porque como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Invocamos al Padre porque el Hijo hecho hombre nos lo ha revelado y su Espíritu nos lo hace conocer… Nos hace entrar en su misterio con sombro siempre nuevo y despierta en nosotros el deseo de un comportamiento filial”…El Padre Carlos de Jesús, santo varón, es como todos los santos, maestro de oración. Su Oración es modelo de oración contemplativa, que contiene en sí las formas esenciales de oración cristiana: adoración, petición, intercesión, acción de gracia y alabanza…Su eficacia es obra del Espíritu Santo, Maestro interior de la oración cristiana, quien nos hace posible la ascesis y la profundidad en la contemplación y en la unión con el insondable misterio de Cristo. La Oración de Abandono es trinitaria. El encuentro con Dios es centro, entraña anticipo de la Visión beatífica que busca el orante, no para sí, sino para nosotros y el mundo, y para DIOS.

 
CONCLUSIÓN DE LA ORACIÓN DE ABANDONO.

La oración de Abandono del Padre Carlos de Foucauld, una vez impresa en el orante contemplativo sale por los poros de su piel y es trasvasada al mundo. Cada verso es pauta; toda ella pulsión: Presencia vibrante del Ser en el ser. Tiene la Grcia de Dios y su Espíritu. Los signos válidos y permanentes de ayer, hoy y siempre de todo orante contemplativo. Pudiéramos considerarla una oración modélica de gesto interior de quien ora oculto entre el pueblo, en la actitud de un Jesús de Nazaret, que anda en el mundo como levadura en la masa.

El Padre Carlos de Jesús Foucauld junto a su familia espiritual, trae a la Iglesia renuevo de espiritualidad con brotes muy verdes en el Árbol de la Vida; es como dijera, en 1967, el Papa Pablo VI: “Un acto de la providencia”. El reclamo de abandono, abajamiento, abyección, palabra ésta que tanto gustar al Padre Carlos; es espejo vivo del abajamiento del Verbo, del supremo misterio cristiano que es la Encarnación de ese Rostro Bello de Dios: ese Jesús de la pobreza irradiante, que debemos imitar para el cumplimiento de la voluntad salvífica; por amor a Él, a los hombres y a todo lo creado.

El Hermano Universal nos ofrece con sus diecisiete versos vividos en grito silencioso, el gesto callado que estremece la cortina; esa que Cristo rasgó para indicar el camino al mundo. Carlos de Jesús no tuvo temor de poner a sus contemplativos desiertos de pobreza; pues sabía que entre los hombres estaban ocultos numerosos contemplativos que Dios mismo había sellado, besado en la frente. Por eso repitió con su Maestro: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el Reino de los Cielos”.

Gloria Bauzá.


1 El desasimiento absoluto es la condición primera e irremplazable de toda acción del Espíritu Santo en vosotros (P. Voillaume)

2017/11/20: V Jornadas de Desierto on-line

Carlos de Foucauld: Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios....                                   



La última carta de Charles de Foucauld

Si el hombre fallecido en 1916 pudiera escribir un siglo después... habría podido decir algo así...                                                         
                                                                                                                  

(Por Pierre Durieux, publicado en Aleteia el 13 de Diciembre de 2016)

Querido amigo, hermano mío:

A los 6 años quedé huérfano de padre y de madre. A los 20, llegó el turno de marchar a mi abuelo. A medida que avanzaba la vida, el vacío crecía a mi alrededor. Pero el abandono, el rechazo y el fracaso no tendrían la última palabra: yo soy la prueba de ello. ¡La vida no termina a los 20 años!

Tengo dinero, mucho. Organizo fiestas grandiosas y hago correr el vino como una fuente. Por eso me llaman “el grande”. Sin embargo, incluso en medio de estas fiestas siento un inmenso vacío. Estoy a un palmo de la desesperación. ¿Te gustan las fiestas, dices? ¡No te falta razón! ¡Pero prueba a ahondar en aquello que colma de verdad el corazón del ser humano!

Al observar a los musulmanes rezar se ha despertado en mí el sentido de la trascendencia. No encontramos la fe por nosotros solos, sino que brota por la gracia de Dios en contacto con los demás, por los caminos más inesperados.

Mis dudas me persiguieron mucho tiempo y mi angustia existencial fue duradera. Me decía: “Dios mío, si existes, permite que te conozca”. Quise plantearle unas preguntas a un sacerdote, que me pidió por primera vez que me confesara. Este fue el punto de partida de mi conversión: hay que usar gestos propios de la fe para encontrar la fe. Tú también, has de arrodillarte si quieres vivir de pie.

Mi destino patina. Convertido a los 28 años, me piden esperar tres años antes de convertirme en religioso. Lo intento en la abadía trapense de Ardèche, pero busco una vida más radical. Parto hacia Siria. Luego hacia Tierra Santa. Me convierto en jardinero de las clarisas de Nazaret, pero me encuentran poco capacitado para esos trabajos.

Duermo en un cobertizo para herramientas, sobre un banco con una piedra por almohada. Me digo que haría bien haciéndome sacerdote. Me gustaría llevar a Cristo a Marruecos, y finalmente me instalo en Argelia. Ya ves, la santidad no es lineal, ni fácil… Quiero ser el hermano mayor de los que dudan, vacilan, titubean.

Mi gran intuición es la de asumir el último lugar, como el de Jesús de Nazaret durante sus treinta años de silencio y trabajo: “No puedo atravesar la vida en primera clase cuando Aquel a quien amo la atravesó en la última”.

Muchos de nuestros contemporáneos, numerosas personas vulnerables en particular, este último lugar lo viven de forma forzada. En mi caso, a imagen de mi Maestro, lo he escogido. Tomé la alocada decisión de ser el último de mi promoción militar en Saint-Cyr, ¡pero incluso ahí fracasé! Descubrí que este desafío ganaba en nobleza si era en un sentido espiritual.

A pesar de mis peregrinaciones a Tierra Santa y al Magreb, la abadía sigue siendo una madre para mí, y el obispo de Viviers, un padre. Vivo completamente centrado en la Eucaristía: “¡Es Jesús, todo es Jesús!”. Que tu vida esté unida a una comunidad religiosa y a una parroquia, a una diócesis, a amigos felices con los que celebrar juntos.

“Quiero habituar a todos estos habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a mirarme como su hermano, el hermano universal”. Los nativos comienzan a saber que los pobres tienen un hermano. Sueño con una pequeña fraternidad “de oración y de hospitalidad que irradie una piedad tal que todo el lugar se sienta iluminado y animado por ella”.

Pero no sueñes con un gran éxito. No esperes levantar un ejército, sino buscar la transformación de la noche soplando las humildes brasas, capaces de iluminar y calentar todo nuestro valle de lágrimas.

He escrito una regla de fraternidad, pero no recibí ni una vocación. Soy consciente de que celebro la misa todos los días en Tamanrasset desde hace 10 años, pero nunca he conseguido un solo converso. Desde el punto de vista humano, es un fracaso total.

No obstante, cien años después de mi muerte veo, desde el cielo, centenares de religiosos, miles de laicos por el mundo que viven según yo vivía, en la escuela del último lugar.

Ya ves, no hay que aspirar a ser la hiedra impaciente ni la parra silvestre conquistadora, sino más bien el tranquilo roble, el humilde tilo, y más aún el grano de trigo, que si “no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto” (Jn 12: 24)

La amistad tiene un precio: ¡la Vida! Morí asesinado hace 100 años. Una realidad para la que estaba listo: “Vive hoy como si debieras morir mártir esta misa noche”, había escrito. Dejo tras de mí un pequeño fuerte en la arena, la sotana blanca manchada del color del sagrado corazón que ostentaba, algunas cartas… Dejo sobre todo mi último lugar, el que tanto amé. Y algunos amigos por el mundo. ¿Y tú?

Libro: De tu hermano musulman

Cartas de hoy a Charles de Foucauld, por Dídac P. Lagarriga, con prólogo de Javier Melloni y epílogo de Pablo d’Ors.
                                                                                                               
Colección: Fragmentos

Volumen: 39

Núm. de páginas: 144

Primera edición: diciembre del 2016 

ISBN: 978-84-15518-57-0

Encuadernación: rústica, 13 x 21 com

Este libro nos invita a descubrir el islam silente y místico, un islam no exento de una intensa vertiente social y cultural que busca siempre el encuentro con el otro.

El autor nos hace entrar en el recinto del diálogo interreligioso: el destinatario de las cartas (Charles de Foucauld, el lector o la misma necesidad de explicarse) es su alter ego y a la vez también es el otro.

Una conversación que rehúye la lógica temporal y las razones del dogma para establecerse en la intimidad de la experiencia a través de las cartas de alguien que se incorporó al islam y que interacciona con otro alguien que decidió convertirse al cristianismo gracias al islam.

Como dice Javier Melloni en el prólogo, "a lo largo de esta correspondencia van apareciendo muchos temas, todos tratados con una sensibilidad exquisita, casi perturbadora de tanta delicadeza con la que brotan. Van apareciendo diversos aspectos y escenarios de la vida ordinaria compartidos a media voz. La cotidianidad queda transfigurada: las bibliotecas públicas se convierten en santuarios; el encuentro con la vecindad, en consideraciones sobre geopolítica internacional; el agua de la ducha, en reflexiones sobre nuestra sociedad de la abundancia; los olores de la calle, en una celebración de los sentidos; el acto de escribir, en una erudición sobre el arte de la caligrafía".

Oración del Abandono (Hna. Mª. Asumpta Ludeña)

Versión de la Oración del Hermano Carlos por una hermana Clarisa de Puerto Suárez (Bolivia).                                                    
                                                                                                         
VÍDEO:


AUDIO:

Una hermosa aventura: Carlos de Foucauld y la Comunidad Horeb

Presentación del libro publicado el 23 de marzo de 2017 en www.periodistadigital.com sobre la historia de la Comunidad Horeb.

 
Una hermosa aventura: 
Carlos de Foucauld y la Comunidad Horeb

J. L. Vázquez Borau, en Universa Terra
La historia de los 40 años de vida de esta asociación privada de fieles


(Universa Terra Ediciones).- La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld se inició en el Poblado de San Francisco (Huercal-Overa), Almería, el año 1978 y el 19 de junio de 2014 fue constituida canónicamente por el Cardenal de Barcelona, Luis Martínez Sistach, como Asociación privada de fieles.

Se recoge en este libro la historia de la Comunidad, reflejando la biografía de quiénes la inspiraron, teniendo como base la figura del beato Carlos de Foucauld, tales como Estanislao de Llopart, Teresa de Lisieux y el hermano Roger de Taizé, así como la Regla de Vida que inspira a sus miembros.

José Luis Vázquez Borau, es miembro de la Familia Evangélica Carlos de Foucauld, y fundador y moderador de la Comunidad Ecuménica Horeb-Carlos de Foucauld desde 1978.

Vázquez Borau ha compaginado este quehacer con la docencia y la escritura, llegando a publicar más de cien libros sobre una amplia temática de espiritualidad, antropología y religión. Es miembro de diferentes organizaciones, como la "Red Internacional para el estudio de las sectas".

Ha recibido diferentes menciones y premios, entre ellos el Premio Emmanuel Mounier de 2000, el Premio Betania Escritor del Año 2006 y el Primer Premio del Concurso de Literatura V Centenario de Santa Teresa de Jesús del Congreso Interuniversitario "Santa Teresa de Jesús Maestra de Vida", Ávila, del 1 al 3 de agosto de 2015.

Presentación (por J. L. Vázquez Borau)

Corría el año 1962, teniendo entonces dieciséis años, cuando Pedro Vilaplana Puntí, que más tarde fundó la Comunidad de Jesús, Carlos de Foucauld, me regaló un libro que ha marcado para siempre mi vida. Este libro era el Itinerario Espiritual de Carlos de Foucauld, de Jean François Six, publicado por la Editorial Herder.

Cinco años más tarde (1967), en plena juventud y ya concluido el Concilio Vaticano II, conocí, gracias a un amigo, al ermitaño de Montserrat, el benedictino Estanislao Llopart. Su ermita, La Santa Cruz, estaba situada en la montaña por encima del monasterio. El impacto que me causó el ermitaño fue extraordinario. Era un hombre hecho bondad, que a partir de aquel momento se convirtió durante unos años en mi padre espiritual.

Para que se entienda lo que quiero decir, pasado un tiempo largo de nuestra relación, un día le dije al ermitaño que al principio de conocerlo me surgían unas ganas inmensas de abofetearlo, pues su presencia bondadosa y sencilla me desataba mis demonios. Su respuesta fue decirme: "¿Por qué no lo hiciste?".

Como se puede comprender la figura de Carlos de Foucauld me quedó matizada por la figura del padre Estanislao, el ermitaño de Montserrat.

Para saber más acerca del libro, pincha aquí.

De tu hermano musulmán (Audio)

Así se dirige Didac P. Lagarriga en sus cartas a Charles de Foucauld. Entrevista con el autor en Radio-3.       



Pilar Sampietro presenta y dirige el programa 'Mediterráneo', un espacio de Radio 3 que profundiza en la esencia de los pueblos de la cuenca del Mediterráneo.

"De tu Hermano Musulmán" es el título del programa del domingo 22 de Enero de 2017. Así es como dirige el remite de sus cartas a Charles de Foucauld, Didac P. Lagarriga. El que recibe la carta, Charles, hace 100 años que murió asesinado en Tamanrasset, Argelia. Quién las escribe, habita estos tiempos y junto a nosotros. Dídac P. Lagarriga comparte el programa para hablar de su último libro "De tu Hermano Musulmán. Cartas de hoy a Charles de Foucauld". Lo ha escrito en forma de cartas a una persona que ya no existe para romper moldes y estructuras entre la vida y muerte, entre religiones, entre formas de entender la meditación o de redescubrirse a si mismo, ahora que ha decidido adoptar otro nombre más. Para la comunidad musulmana Dídac se llama Abdel-latf Bilal Ibn Samar, "Bilal" para los amigos. Descubrimos con él porque es tan importante la figura de ese ermitaño que entre musulmanes decidió convertirse al catolicismo y vivir hasta el fin al sur de Argelia. También conocemos la vida interior de las mezquitas actuales en las grandes ciudades y cómo el mismo Dídac comparte experiencia de ayuno en Ramadán con su hijo Isaac. 

Mientras leemos fragmentos del libro en la voz de Jose Maria Carrasco, escuchamos a: Orient Expressions-Istambul 1.26am; Kudsi Erguner-Taksim en el maqam rast; MercanDede-800; DjClick-Tierra; Omar Faruk Tekbilek&Brian Keane­-Kelebek; Salif Keita-La Difference; Djmawi Africa-Ahallil.

Enlace a la página Web del programa:

Charles de Foucauld y el “misterio de Nazaret”

Artículo publicado el día 1 de diciembre de 2016 en http://www.diocesismalaga.es.                  



En el día del beato Carlos de Foucauld, a cien años de su muerte, recuperamos la vida del «pequeño hermano universal» desde su nacimiento hasta la conversión, desde la experiencia en la Trapa hasta los tuareg del desierto. Hablan Fraccaro y Sequeri.


CRISTINA UGOCIONI/ MILÁN/ VATICAN INSIDER

El jueves primero de diciembre se cumple el primer centenario de la muerte del beato Charles de Foucauld, figura fundamental de la espiritualidad cristiana reciente, un hombre que —dijo Papa Francisco— «tal vez como pocos otros intuyó el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret»; un hombre cuyo carisma —observó el teólogo Pierangelo Sequeri– «fue donado y destinado, anticipadamente, para este tiempo de la Iglesia».

El oficial, el explorador

Charles de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, el 15 de septiembre de 1858. Durante la adolescencia sufrió la influencia del escepticismo religioso y del positivismo científico que caracterizaban su época; escribió, refiriéndose a esa época: «desde la edad de 15 o 16 años toda la fe había desaparecido en mí». Entró a la escuela militar y se convirtió en oficial. Due enviado con su regimiento a Argelia. En 1882 abandonó el ejército y emprendió un viaje de exploración que lo condujo primero a Marruecos y después al desierto argelino y tunecino.

«¡Dios mío, haz que yo Te conozca!»

Volvió al seno familiar parisino, en 1886, con la intención de preparar un texto sobre sus descubrimientos: fue un tiempo decisivo para su conversión. Escribió: «He iniciado a ir a la iglesia, sin ser creyente, pasaba largas horas repitiendo una extraña oración: “¡Dios mío, si existes, haz que yo Te conozca!”». Su conversión, acompañada por el abad Henry Huvelin, fue en octubre de ese mismo año: «Apenas creí que había un Dios, comprendí que no podía más que vivir para Él»

Jesús, obrero de Nazaret

Hizo inmediatamente un largo peregrinaje a la Tierra Santa, durante el que anotó: «Deseo conducir la vida que he entrevisto y percibido al caminar pos las calles de Nazaret, en donde Nuestro Señor, pobre artesano perdido en la humildad y en la oscuridad, apoyó los pies». Dirigiéndose a Jesús, escribió: «¡Cuán fértil en ejemplos y lecciones es esta vida de Nazaret! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Qué bueno fuste al habernos dado esta instrucción durante 30 años!».

Al volver a su patria entró a la Trapa Notre-Dame des Neiges y después due enviado a la Trama de Akbés, en Siria. Pero se dio cuenta de que en la Trama no es posible «conducir la vida de pobreza, de abyección, de desapego efectivo, de humildad, diría incluso de recogimiento de Nuestro Señor en Nazaret». Un episodio significativo que vivió en ese tiempo: «Una semana me mandaron a rezar un poco al lado de un pobre obrero del lugar, católico, que murió en la fracción de al lado: ¡qué diferencia entre esta casa y nuestras habitaciones! Yo anhelo Nazaret».

La misma vida de Nuestro Señor

Al darse cuenta de que «ninguna congregación de la Iglesia da la posibilidad de conducir hoy y co Él esta vida que Él condujo de esta manera», se preguntaba si «no era hora de buscar a algunas almas con las cuales […] formar un inicio de pequeña Congregación de este tipo: el objetivo sería el de conducir cuanto lo más exactamente posible la misma vida de Nuestro Señor, viviendo únicamente del trabajo de las manos, sin aceptar ningún don espontáneo ni oblación, y siguiendo al pie de la letra todos sus consejos, sin poseer nada, privándonos de lo más posible, antes que nada para conformarnos a Nuestro Señor y después para darle lo más posible en la persona de los pobres. Añadir a este trabajo muchas oraciones».

Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio

Surgió algo conscientemente inédito en la geografía religiosa, observó Sequeri en el volumen «Charles de Foucauld. El Evangelio viene de Nazaret» (Vita e Pensiero): «La novedad de la intuición se da, en primer lugar, por la neta referencia cristológica de la imitación/secuela de Nuestro Señor Jesús: “la misma vida de Nuestro Señor” Jesús, es decir “la existencia humilde y oscura de Dios, obrero de Nazaret”». En otras palabras: «Nazaret no es el “prólogo” de la vida pública, el simple momento “preparatorio” de la misión, ni la forma de una “pre-evangelización” que ofrece un genérico compartir y un anónimo testimonio […] Nazaret es la vida de Jesús, no simplemente su prefacio. Es la misión redentora en acto, no su mera condición histórica. Nazaret es el trabajo, la cercanía, la proximidad doméstica del Hijo que se nutre durante largos años de lo que le importa al “abba-Dios” (“¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”, Lc. 2, 49). ¿De dónde podría partir una nueva evangelización sin detenerse por todo el tiempo necesario en el fundamento en el que Dios la puso para el Hijo mismo?».

La lectura de los Evangelios

En 1897, el hermano Charles deja la Trapa y se muda a Nazaret, en donde vivió durante 3 años, en una casita en el monasterio de las clarissa. Marcaban sus días el trabajo, la adoración silenciosa de la Eucaristía y la lectura de los Evangelios. «De Foucauld desea vivir imitando a Jesús, “obrero de Nazaret”: y para hacerlo decide encomendarse a los Evangelios, que lee cotidianamente y sobre los que medita por escrito», cuenta Antonella Fraccaro, religiosa de las Discípulas del Evangelio (Instituto religioso que forma parte de la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld) y autora del volumen «Charles de Foucauld y los Evangelios». «Sus meditaciones —algunos miles de páginas— tienen un corte intimista y auto referencial; sacan a la luz sobre todo el vínculo intenso y afectuoso que Foucauld vive con el Señor. En el centro de las meditaciones no está su autor, sino la persona de Jesús y Su estilo, que debe ser asimilado día a día con Su gracia. Los motivos que inspiran la lectura de los Evangelios se expresan en un breve texto, muy significativo, escrito en una pequeño papel utilizado como separador. Anotó el hermano Charles dirigiéndose a Jesús: “Leo: 1o) para darte una prueba de amor, para imitarte, para obedecerte; 2o) para aprender a amarte mejor, para aprender a imitarte mejor, para aprender a obedecerte mejor; 3o) para poder hacer que los otros te amen, para poder hacer que los demás te imiten, para poder hacer que los demás te obedezcan”».

Con el pueblo del desierto

Durante el tiempo que pasó en Nazaret maduró en su interior la vocación al sacerdocio: fue ordenado en 1901 en Francia, y al año siguiente se estableció en Beni Abbès, en la parte argelina del Sahara, «entre las ovejas más perdidas, entre las más abandonadas». En esos días escribió: «De las 4.30 de la mañana a las 20.30 de la noche, no dejo de hablar, de ver gente: esclavos, pobres, enfermos, soldados, viajeros, curiosos […] Quiero que se acostumbren todos los habitantes de la tierra a considerarme un hermano, el hermano universal». En 1905 decidió dirigirse hacia el sur, entre los Tuareg, a Tamanrasset, en donde no hay «ni guarniciones, ni telégrafos, ni europeos».

La belleza doméstica de la radicación evangélica

La Nazaret que Charles anhelaba no estaba en la Trapa sino en el desierto. Sequieri comenta al respecto: «El punto no es tanto el de la dureza de la ascesis sino el de una imitación “real” de Nazaret: que tiene que encontrar las condiciones del propio rigor en la normalidad del contexto en el que las condiciones ya están dadas y no son artificialmente buscadas o reconstruidas religiosamente. En esas condiciones, efectivamente, el “pequeño hermano universal” se radica como su “bien amado hermano Jesús”, porque los hombres y las mujeres ya se han radicado: porque son la vida cotidiana, el horizonte de su mirada sobre el mundo». El rigor de esta “inhabitación” incluye «un principio de simplificación y un criterio de afinidad que liberan la singular belleza doméstica de la radicación evangélica».

Hermano y familiar de los Tuareg

Charles fue pródigamente generoso con sus Tuareg. «Quiso vencer las desconfianzas, conquistar su confianza, fraternizar, volverse un familiar; quiso hacer que conocieran la bondad de Jesús», dice Fraccaro. «Su tiempo estaba dividido entre la oración, las relaciones con los indígenas, a los que ayudaba y apoyaba de diferentes maneras, y los estudios de la lengua tuareg: redactó incluso un diccionario tuareg-francés. En las cartas a sus amigos lejanos les pedía que rezaran por estas almas abandonadas, y también por él: “Récenle para que yo haga lo que quiere de mí para ellos, porque yo soy el único, desgraciadamente, que me ocupo de ellos por Su parte y para Él».

La presencia eucarística

Los gestos de atención, la tenaz dedicación a los hombres y a las mujeres del desierto, conviven con una total relación/conversación con el Señor presente en la Eucaristía. Foucauld lo llevó entre quienes no lo conocían porque también ellos son “suyos”. Es una presencia, una bendición que todos perciben, todos sienten la oración y las palabras que la habitan, todos intuyen el vínculo especial al que da vida. La presencia eucarística del Señor condensa en sí la palabra y el gesto cristiano menos “anónimos” que existan (Sequeri).

Si el grano de trigo no muere

Charles de Foucauld murió el primero de diciembre de 1916, en Tamanrasset. Lo golpeó una bala durante una escaramuza provocada por las tropas rebeldes del Sahara. Él, que desde 1893 hasta el final de su vida se aplicó a la redacción de «Reglas» para estar agregaciones que tanto había deseado, murió solo. En las décadas siguientes, nacieron muchas familias de religiosos, religiosas, sacerdotes y laicos que se inspiran en él: en la actualidad son veinte y tienen presencia en todo el mundo. Reunidas en la Asociación de Familias Espirituales Charles de Foucauld, incluyen a alrededor de 13 mil personas. «En su diversidad —concluye Fraccaro– estas familias tienen rasgos comunes: la radicación en los contextos de la existencia ordinaria, la vida en pequeñas comunidades unidas por un espíritu fraterno, la meditación de la Palabra de Dios, la dedicación a las almas que más sufren y más abandonadas. El grano de trigo, muriendo, ha dado fruto, justamente como De Foucauld –tan vinculado a este versículo del Evangelio de Juan (12, 24)— esperaba que sucediera».