Convocatoria de las VI Jornadas de Desierto on-line

Carlos de Foucauld: Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios....  

                                

2018/11/19: VI Jornadas de desierto online

Carlos de Foucauld: Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios....  

                                

Constitución definitiva de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld

La Comunidad Horeb, unión espiritual en la Comunión de los santos, tiene en 2.018 presencia en doce países.                       

El 20 de junio de 2.018, el Cardenal Juan José Omella y Omella, Arzobispo de Barcelona ha firmado el decreto de constitución definitiva de la Asociación privada de fieles la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.
  
La Comunidad Horeb Carlos de Foucauld fue bendecida por el obispo de la diócesis Don Manuel Casares Hervás en el Poblado de San Francisco (Huercal-Overa), provincia de Almería, el año 1.978, se cumplen ahora cuarenta años, y creada por José Luis Vázquez Borau, quien, en compañía de otros hermanos, el año 2.006 dieron a la Comunidad Horeb Carlos de Foucauld un nuevo impulso ecuménico, siendo aprobada ad experimentum por el Cardenal Lluís Martínez Sistach, Arzobispo emérito de Barcelona, el 19 de junio de 2.014, como Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld.
  
La Comunidad Horeb, unión espiritual en la Comunión de los santos y que en 2.018 tiene presencia en doce países, considera como pilares que la sustentan, además de Carlos de Foucauld, la hermanita Teresa de Lisieux, el hermano Roger de Taizé y el ermitaño de Montserrat Estanislao Mª Llopart.
  
Esta Comunidad Espiritual está formada por hermanos y hermanas de cualquier estado de vida (laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes…) que se comprometen, allí donde cada uno se encuentra en medio de sus distintos compromisos, a vivir evangélicamente, a rezar los unos por los otros para ser fieles a esta llamada, a pedir por la unión de los cristianos y el encuentro entre las distintas religiones en el compromiso por la justicia y la paz.
  
Los hermanos y hermanas de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld practicamos la oración continua incluso durante nuestras tareas cotidianas. Se trata de una oración de intercesión por las necesidades de la Humanidad y la Creación, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y por un mundo más justo y bondadoso.
  
Todo ello lo hacemos por amor, sin esperar nada a cambio, respondiendo así a nuestra particular vocación contemplativa que se concreta en el contexto de cada cual dejándose conducir por el Espíritu Santo, el discernimiento y la vida fraterna.

Más información:

Ecos del desierto

Artículo de Álvaro Ricas publicado en el Boletín Ecuménico Comunidad Horeb Carlos de Foucauld nº 94.                                                     
"La humildad no consiste en considerarse inferior, sino en estar libre de la importancia de uno mismo. Es un estado de simplicidad natural que está en armonía con nuestra propia naturaleza y permite disfrutar de la frescura del instante presente. La humildad es una manera de ser, de permanecer, no de parecer.
(M. Ricard).
Hermano Carlos… Tú lo sabías. Sabías que ibas a morir ese día, como Él… Sabías que había llegado tu hora, aunque las circunstancias no te importaban porque no tenías necesidad de perdonar, como Él… Estabas solo, como Él… Te habías permitido “desaprender a rezar”, no por alarde de vanidad sino porque sabías de sobra que no eras tú… Descendiste a los abismos del silencio para ascender a las cumbres del silencio, como Él… Hasta que descubriste que la verdadera dimensión del amor no era ser como Él, sino ser Él… Descubriste también que aquello de irse a buscar ovejas, las más descarriadas, no tenía sentido porque no había ovejas… Y no porque fueras demasiado lejos a buscarlas –te hubieran dejado colgado otra vez…- sino porque la llamada era del silencio… Eso era el desierto, silencio y búsqueda… Silencio y encuentro… Y en aquellas cumbres descubriste que la dimensión del silencio en que te habías sumergido tenía un brillo especial, y descubriste entonces que aquello de “perdí el corazón” sólo era porque tampoco eras tú, sino Él… Y en aquellas noches inefables de silencio iluminado, ardiente, descubriste que eras LUZ en TI… Que la energía amorosa del Creador se filtraba a través de TI, como en Él… Y llegó el milagro, descubriste lo más maravilloso: que eras carne de sacrificio, como Él, porque era la única manera de permanecer, de ser Voluntad Divina, como Él…
  
Y descendiste de las cumbres para ascender… Todo fue rápido…
A partir de entonces las ovejas empezaron a acudir… De eso se trataba… Tú lo sabías, como Él… Necesitabas morir como Él para que las ovejas dispersas salieran a tu encuentro…
  
Sí, hermano Carlos, tienes razón, tu realidad es sencilla, humilde, como permanecer en el silencio para salir al encuentro de los que salen a tu encuentro, como hizo Él… Es verdad, hay demasiada literatura sobre ti y falta leña en el fuego del sacrificio… La leña sutil de la entrega verdadera, silenciosa, sin cacareos ni ficciones ni hipocresías ni silbidos estruendosos para llamar a las ovejas…
  
Que el milagro de atravesar el desierto reside en gozar del horizonte de cada paso…
  
Y yo, mientras, hermano Carlos, me muero de amor, instante a instante, como tú, como Él, pero no os alcanzo…
  
Tal vez en eso consiste, en descubrir, como TÚ, como ÉL, la noche iluminada…
Y descender para ascender, instante a instante, DESCUBRIENDO…

Pedro Casaldálida cumple 90 años: pobreza y liberación


Junto con las Hermanitas de Jesús colaboró en el rescate biológico de los tapirapés, amenazados de extinción.                            
Artículo de Leonardo Boff publicado en  http://www.servicioskoinonia.org
 



Al cumplir 90 años, este 16 de febrero de 2.018, queremos homenajear a Don Pedro Casaldáliga, pastor, profeta y poeta, con unos pensamientos que, a mi juicio, constituyen el hilo conductor de toda su vida de cristiano y de obispo: la relación que estableció entre la pobreza y la liberación. Arriesgando su vida, ha vivido y ha testimoniado tanto la pobreza como la liberación de los más oprimidos, que son los indígenas y los campesinos, expulsados por el latifundio en tierras de São Félix del Araguaia del Mato Grosso de Brasil.

La pobreza es un hecho que siempre ha desafiado las prácticas humanas y todo tipo de interpretación. El pobre concreto nos desafía tanto, que la actitud hacia él acaba por definir nuestra situación definitiva ante Dios. Esto lo atestigua tanto el Libro de los muertos de Egipto como la tradición judeocristiana que culmina en el texto del evangelio de Mateo 25, 31ss.

Tal vez el mérito mayor del obispo Don Pedro Casaldáliga haya sido haber tomado absolutamente en serio los desafíos que los pobres del mundo entero, especialmente los de América Latina, nos lanzan, y su liberación.

Seguramente vivió el siguiente proceso. Antes de cualquier reflexión o estrategia de ayuda, la primera reacción es de profunda humanidad: dejarse conmover y llenarse de compasión. ¿Cómo dejar de atender su súplica, o no entender lo que quieren decir sus manos suplicantes? Cuando la pobreza aparece como miseria, irrumpe en todas las personas sensibles, como en Don Pedro también, el sentimiento de indignación y de iracundia sagrada, como se nota claramente en sus textos proféticos, especialmente, contra el sistema capitalista e imperial que produce continuamente pobreza y miseria.

El amor y la indignación están en la base de las prácticas que pretenden abolir o mitigar la pobreza. Sólo está efectivamente del lado del pobre quien, ante todo, lo ama profundamente y no acepta su situación inhumana. Y Don Pedro testimonió ese amor incondicional.

Pero también somos realistas como nos advierte el libro del Deuteronomio: "Nunca faltarán pobres en la tierra; por eso te hago esta recomendación: abre, abre la mano a tu hermano, al pobre y al necesitado que está en tu tierra"(15,11). De la Iglesia de los orígenes en Jerusalén se dice como alabanza: "No había pobres entre ellos" (Hch 4,34) porque ponían todo en común.

Estos sentimientos de compasión y de indignación hicieron que Don Pedro dejara España, fuese después a África y, finalmente, desembarcase no simplemente en Brasil, sino en el interior del país, donde padecen campesinos e indígenas bajo la voracidad del capital nacional e internacional.

1. Lecturas del escándalo de la pobreza

En función de una comprensión más adecuada de la anti-realidad de la pobreza, conviene hacer algunas aclaraciones que nos ayudarán a calificar nuestra presencia efectiva junto a los pobres. Tres comprensiones diferentes de pobre están presentes todavía hoy en el debate.

La primera, tradicional, entiende al pobre como aquel que no tiene. No tiene medios de vida, no tiene renta suficiente, no tiene casa, en una palabra: no tiene bienes. Sobrevive en el desempleo, o en el subempleo, y con salario bajo. El sistema imperante los considera como ceros económicos, aceite quemado, sobrantes. La estrategia entonces es movilizar a quien tiene para que ayude a quien no tiene. En nombre de esa visión se organizó, por siglos, una amplia asistencia. Y una política de beneficencia, pero no participativa. Es una actitud y una estrategia que mantiene a los pobres dependientes; todavía no ha descubierto su potencial transformador.

La segunda, progresista, ha descubierto ya el potencial de los pobres y ha percibido ya que ese potencial no es utilizado. Por la educación y la profesionalización el pobre viene a ser calificado y potenciado. Así, los pobres se insertan en el proceso productivo. Refuerzan el sistema, se hacen consumidores, aunque en menor escala, y ayudan a perpetuar las relaciones sociales injustas que continúan produciendo pobres. Se asigna al Estado la parte principal de la tarea de crear puestos de trabajo para esos pobres sociales. La sociedad moderna, liberal y progresista ha hecho suya esta visión.

La lectura tradicional ve al pobre, pero no capta su carácter colectivo. La lectura progresista, sí descubre su carácter colectivo, pero no su carácter conflictivo. Analíticamente considerado, el pobre es resultado de mecanismos de explotación que lo hacen empobrecido, generando así un grave conflicto social. Mostrar tales mecanismos fue y sigue siendo el mérito histórico de Karl Marx. Previamente a la integración del pobre en el proceso productivo vigente, se debería hacer una crítica del tipo de sociedad que siempre produce y reproduce pobres y excluidos.

La tercera posición es la liberadora, que afirma: los pobres sí tienen potencialidades, y no sólo para engrosar la fuerza de trabajo y reforzar el sistema, sino principalmente para transformarlo en sus mecanismos y en su lógica. Los pobres, concientizados, organizados por sí mismos y articulados con otros aliados, pueden ser constructores de otro tipo de sociedad. Pueden no sólo proyectar, sino poner en marcha la construcción de una democracia participativa, económica y ecológico-social. La universalización y la plenitud de esta democracia sin fin se llama socialismo. Esta perspectiva no es ni asistencialista ni progresista. Es verdaderamente liberadora, porque hace del oprimido el principal sujeto de su liberación y el forjador de un proyecto alternativo de sociedad.

La teología de la liberación asumió esta concepción de pobre. La ha traducido por la opción por los pobres, contra la pobreza, y en favor de la vida y la libertad. Hacerse pobre en solidaridad con los pobres, significa un compromiso contra la pobreza material, económica, política, cultural y religiosa. Lo opuesto a esta pobreza no es la riqueza, sino la justicia y la equidad.

Esta última perspectiva fue y es testimoniada y practicada por Don Pedro Casaldáliga en toda su actividad pastoral. Aun a riesgo de su vida, apoyó a los campesinos expulsados por los grandes terratenientes. Junto con las Hermanitas de Jesús del P. Foucauld, colaboró en el rescate biológico de los tapirapés, amenazados de extinción. No hay movimiento social y popular que no haya sido apoyado por este pastor de excepcional calidad humana y espiritual.

2. La otra pobreza: la evangélica y esencial

Hay todavía dos dimensiones de la pobreza que están presentes en la vida de Don Pedro: la pobreza esencial y la pobreza evangélica.

La pobreza esencial es el resultado de nuestra condición de criaturas, una pobreza que tiene, por tanto, una base ontológica, independiente de nuestra voluntad. Parte del hecho de que no nos hemos dado la existencia. Existimos, dependiendo de un plato de comida, de un poco de agua y de las condiciones ecológicas de la Tierra. En este sentido radical, somos pobres. La Tierra no es nuestra, ni la hemos creado. Somos huéspedes en ella, pasajeros de un viaje que va más allá. Más aún: humanamente dependemos de personas que nos acogen y que conviven con nosotros, con los altibajos propios de la condición humana. Somos todos interdependientes. Nadie vive en sí y para sí. Estamos siempre enredados en una red de relaciones que garantizan nuestra vida material, psicológica y espiritual. Por eso somos pobres y dependientes los unos de los otros.

Acoger esta condición humana nos hace humildes y humanos. La arrogancia y la excesiva auto-afirmación no tienen cabida aquí porque no tienen base que las sustente. Esta situación nos invita a ser generosos. Si recibimos el ser, de los otros, debemos también darlo a los demás. Esta dependencia esencial nos hace gratos a Dios, al Universo, a la Tierra y a las personas que nos aceptan así como somos. Es la pobreza esencial. Este tipo de pobreza hizo a don Pedro un obispo místico, agradecido por todas las cosas. También existe la pobreza evangélica, proclamada por Jesús como una de las bienaventuranzas. En la versión del evangelio de Mateo se dice: "Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos" (5,3). Este tipo de pobreza no está directamente vinculado al tener o al no tener, sino a un modo de ser, a una actitud que podríamos traducir por infancia espiritual. Pobreza aquí es sinónimo de humildad, desprendimiento, vacío interior, renuncia a toda voluntad de poder y de auto-afirmación. Implica la capacidad de vaciarse para acoger a Dios, y el reconocimiento de la naturaleza de la criatura, ante la riqueza del amor de Dios que se comunica gratuitamente. Lo opuesto a esta pobreza es el orgullo, la fanfarronería, la inflación del ego, y el encerramiento en sí mismo ante los demás y ante Dios.

Esta pobreza significó la experiencia espiritual del Jesús histórico: no sólo fue pobre materialmente y asumió la causa de los pobres, sino que también se hizo pobre en espíritu, pues "se aniquiló a sí mismo, asumiendo la condición de siervo; presentándose como simple hombre, se humilló, hecho obediente hasta la muerte, hasta la muerte de cruz "(Flp 2,7-9). Esta pobreza es el camino del evangelio, por eso se llama también pobreza evangélica, sugerida por San Pablo: "tened los mismos sentimientos que Cristo tuvo" (Flp 2,5).

El profeta Sofonías testimonia esta pobreza de espíritu cuando escribe: "Aquel día, no serás confundida, hija de Sión, a causa de todos los pecados que cometieron contra mí, jactanciosos y arrogantes; no te enorgullecerás ya en mi santo monte. Dejaré sobrevivir en medio de ti un pueblo pobre-humilde y modesto que pondrá su confianza en el nombre del Señor" (2,11-12).

Esta pobreza evangélica e infancia espiritual constituyen una de las irradiaciones más visibles y convincentes de la personalidad de Don Pedro Casaldáliga, que aparece en su modo pobre pero siempre limpio de vestir, en su lenguaje inundado de humor aun cuando se hace crítico contundente de los desvaríos de la globalización económico-financiera y de la prepotencia neoliberal, o cuando proféticamente denuncia las visiones mediocres del gobierno central de la Iglesia frente a los desafíos de los condenados de la Tierra, o de cuestiones que conciernen a toda la humanidad. Esta actitud de pobreza se manifiesta ejemplarmente cuando en los encuentros con cristianos de base, generalmente pobres, se pone en medio de ellos y escucha atentamente lo que dicen, o cuando se sienta a los pies de conferencistas, sean teólogos, sociólogos o portadores de otro saber calificado, para escucharlos, anotar sus pensamientos y humildemente formular preguntas. Esta apertura revela un vaciamiento interior que lo hace capaz de continuamente aprender y hacer sus sabias ponderaciones sobre los caminos de la Iglesia, de América Latina, de Brasil y del mundo.

Cuando los actuales tiempos perturbados hayan pasado, cuando las desconfianzas y las mezquindades hayan sido tragadas por la vorágine del tiempo, cuando miremos hacia atrás y consideremos los últimos decenios del siglo XX y los inicios del siglo XXI, identificaremos una estrella en el cielo de nuestra fe, rutilante, después de haber atravesado nubes, soportado oscuridad y vencido tempestades: es la figura simple, pobre, humilde, espiritual y santa de un obispo que, extranjero, se hizo compatriota, lejano se hizo cercano, y se hizo hermano de todos, hermano universal: don Pedro Casaldáliga, que cumple hoy noventa años. 

Enlace al artículo original:
http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=874


La noche en llamas de Eric-Emmanuel Schmitt

La aventura comienza cuando le hicieron la propuesta de participar en un filme sobre el místico del desierto Charles de Foucauld.                
          
 
Artículo publicado en https://www.razon.com.mx

En 2015 el autor franco-belga Eric-Emmanuel Schmitt publicó un pequeño libro llamado La Nuit de feu. En esta obra el escritor cuenta la historia de su conversión una noche de invierno en el desierto del Sahara.

Es imposible no comparar el relato de Schmitt con el libro Le Royaume publicado por Emmanuel Carrère un año antes. El texto de Carrère, traducido al español por la editorial Anagrama, tuvo muy buena recepción en Hispanoamérica y eso explica —por lo menos en parte— que el Premio FIL de Literatura 2017 le vaya a ser otorgado en la Feria del Libro de Guadalajara este mismo mes. Sin embargo, los libros de Schmitt y de Carrère, aunque tocan temas muy cercanos, no podrían ser más distintos. Mientras que el de Schmitt cuenta la historia de una dichosa conversión, el de Carrère es el relato de un triste abandono de la fe cristiana.

Eric-Emmanuel Schmitt nació en 1960. Estudió en la Escuela Normal Superior y luego obtuvo un doctorado en filosofía con una tesis sobre Diderot. Se dio a conocer como dramaturgo y luego como novelista, convirtiéndose, en la última década, en uno de los autores francófonos más representados y más leídos en todo el mundo.

La historia que nos cuenta en La Nuit de feu, y que aquí quisiera reseñar, sucedió cuando él tenía 28 años, era profesor de filosofía y todavía no se decidía a convertirse en escritor profesional.
  
La aventura comienza cuando le hicieron la propuesta inesperada de participar en la elaboración de un filme sobre el místico del desierto Charles de Foucauld. En compañía de un equipo multidisciplinario, en el que iban geólogos y botánicos, viaja al sur de Argelia para documentar los sitios en los que vivió Foucauld durante los últimos años de su vida. El grupo se interna en el desierto para llegar a una zona montañosa que está a varios días de distancia de la ciudad más cercana. Bajo la bóveda estrellada, Schmitt no podía dejar de reflexionar sobre sus miedos y carencias. La amistad que entabla con el guía tuareg le ofrece una perspectiva distinta de la existencia. Ese hombre —que es más o menos de su edad— no sólo vive en un mundo muy distinto al suyo, sino que se mueve en él con una seguridad, con una sabiduría, que al francés le parecen admirables.

Un día subieron las montañas de Ahaggar y Schmitt quedó maravillado del escenario natural. Le dijo al guía que podía regresar él solo al campamento y después de caminar durante varias horas se percató de que se había perdido. Llegó la oscuridad y construyó un pequeño refugio para protegerse del intenso frío. Esa noche Schmitt tuvo una experiencia mística: Dios existe, todo tiene sentido. A la mañana siguiente, invadido de una energía inexplicable, logró regresar al campamento.
 
Schmitt narra su historia de manera sencilla, sin distraerse con una teología del acontecimiento. Sin embargo, en un pequeño apéndice ofrece algunas ideas que nos permiten conocer su posición personal ante el fenómeno religioso. Schmitt se distancia del creyente dogmático y del ateo dogmático. Para él sólo hay tres actitudes honestas ante la divinidad: no sé pero creo; no sé pero no creo; no sé y no me interesa. El punto de encuentro de las tres posiciones es la aceptación compartida de que no podemos saber nada sobre Dios; es decir, de que creyentes, no creyentes y agnósticos se encuentran en un estado epistémico semejante. Siguiendo a Pascal, cuya influencia se percibe a lo largo de la obra, Schmitt considera que la fe es asunto del corazón, no de la inteligencia.
 
Enlace al artículo original:
https://www.razon.com.mx/la-noche-en-llamas-eric-emmanuel-schmitt/

Diálogo en la frontera

Desde la fraternidad Magrebí de la Comunidad Horeb, el hermano José nos acerca una valiosa reflexión.                                                  
Testimonio publicado en el
 
Estamos en la frontera, una línea sobre el mapa que recorre miles de kilómetros y divide el desierto en trozos según los intereses de unos cuantos países. Es el fruto de la descolonización en África. Fronteras artificiales que originaron la separación de culturas y han dado origen a conflictos sociales de diversa intensidad. También hay fronteras culturales, idiomáticas, religiosas... nuestra fraternidad magrebí vive en la frontera y en ella intentamos emular la vida y obra de Carlos de Foucauld; pero los tiempos son diferentes. Foucauld no conoció estas fronteras físicas, ni la deriva integrista en el Islam, ni las tensiones que hoy sacuden al Sahara; pero supo descubrir, aprovechar y transmitir la experiencia del desierto, el físico y el personal. Digamos que pudo desarrollar su actividad con cierta tranquilidad, protegido por las tribus de nómadas tuareg, a pesas de lo cual perdió la vida de forma violenta. Ahora se respira más odio y violencia, pues muchos tuaregs se han reconvertido en mercaderes de narcotraficantes y contrabandistas.

Hay otras fronteras, no sobre el terreno y el mapa. Son fronteras imaginarias. La mentalidad del beduino es muy diferente a la nuestra. Su cosmovisión se construye sobre elementos paganos y religiosos, supersticiones preislámicas y leyes musulmanas. Es muy complicado entenderlo y más difícil explicarlo. Entran en juego también los dialectos e idiomas locales, el folklore, la composición tribal, etc. El diálogo así se convierte en algo escurridizo, aunque hablemos la misma lengua. Se nos escapa la esencia. Sería necesario efectuar una investigación científica sobre los aspectos cognitivos del pensamiento beduino.
 
De ahí que a la hora de promover encuentros interreligiosos sean muy importantes los modos, los gestos, los símbolos que entran en juego aun sin ser conscientes de ello.
 
La experiencia me dice que el diálogo interreligioso no es más que una suerte de esfuerzo intelectual con intenciones académicas; pero con poco recorrido posterior. Todo empieza y acaba entre cuatro paredes, a veces en un pabellón de música o en una gran sala de conferencias. En ocasiones pueden publicarse unas actas, un libro, un artículo, un vídeo que recoge la experiencia ¿Qué importancia tiene? Sirven para divulgar manifiestos huecos, sin vida. ¿Por qué? Porque nos hemos perdido la esencia, la comunión real. ¿Y en qué consiste esta comunión? ¿Acaso se trata de aproximar puntos de vista teológicos? ¿O establecer una teología comparada? ¿Tal vez debemos fijar una agenda para ir dando pasos? ¿En qué dirección? ¿Con qué intención? ¿Para qué?
 
Estas y otras preguntas me hago con frecuencia y la conclusión a la que llego es la misma: el diálogo sí; pero el compartir es mejor. Preferimos compartir un momento la gratitud, el respeto, la sonrisa, el llanto, el sufrimiento, la alegría, la esperanza, todo aquello que nos hace humanos, que nos hace próximos de verdad, aquello para lo que no se necesitan palabras, sólo silencio. Pues las ideas solamente son ideas, construcciones mentales sin gran importancia. Prefiero no hablar y experimentar cada instante de la vida en compañía, con amor y paz, y abandonarnos en el Vacío que todo lo llena. Ahí surge el verdadero diálogo, sin agendas, sin intenciones, sólo estar, sólo sentir al otro. ¿No es este el verdadero amor al prójimo? Carlos de Foucauld así lo entendió y dejó hacer, se abandonó a las circunstancias del momento, supo dialogar sin hablar, con la cercanía y compañía transmitió el mensaje de Jesucristo, el amor de Dios. Y fue admirado y querido por aquellos beduinos, aquellos nómadas que no entendían la religión con palabras y sí con hechos.

2018/02/20: Presentación del libro "La espiritualidad del desierto con Carlos de Foucauld"


El acto tendrá lugar el martes 20 de febrero de 2018 a las 19h, en la Libreria Claret C/ Roger de Llúria, 5 – 08010 Barcelona.                 
La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
y
el Instituto Emmanuel Mounier Cataluña
tienen el placer de invitarles a la presentación del libro de
Josep Lluís Vázquez Borau
LA ESPIRITUALIDAD DEL DESIERTO CON CARLOS DE FOUCAULD
de la Editorial San Pablo.
Intervendrán en la mesa:
Nicolás Saiz (Teólogo)
Martí Vila (Artista)
Juan Luís Pérez Francesch (Profesor de Derecho Constitucional)


La espiritualidad del desierto con Carlos de Foucauld

El desierto es el lugar por excelencia donde hay un silencio para escucharnos a nosotros mismos, a nuestros hermanos y a Dios. 

Autor: VÁZQUEZ BORAU, JOSÉ LUIS

Colección: Fe e imagen

Tema: Iglesia.Magisterio
Número de páginas: 176
Editorial: SAN PABLO COMUNICACION SSP
Formato: 140 x 195
ISBN: 9788428554442



El desierto es el lugar por excelencia donde no hay más que silencio; un silencio para escucharnos a nosotros mismos, a nuestros hermanos y a Dios. El autor con este libro nos invita a viajar a nuestro desierto interior, proponiendo textos, meditaciones y oraciones para sacar el máximo provecho a esta travesía y aprovecha la tradición existente en la familia espiritual del hermano Carlos de Foucauld para proponer «jornadas de desierto», a modo de retiro. El libro se divide en dos partes, que se complementan y pueden ayudar a la oración. En la primera parte, «La importancia del desierto», se ofrecen una serie de textos meditativos junto con salmos adaptados y textos de la Biblia para cada día de la semana de retiro. Y, en la segunda parte, «Ir al desierto con Carlos de Foucauld», siguiendo el mismo esquema se ofrecen textos de hermanos de la familia espiritual y citas del propio Foucauld.

http://www.sanpablo.es/editorial/f/la-espiritualidad-del-desierto-con-carlos-de-foucauld/9788428554442
 

Como una aceituna olvidada en el olivar

Mons. Fran­cis­co Ce­rrro: Re­co­noz­co que des­de el Se­mi­na­rio de Cá­ce­res, que leí la vida del P. Fou­cauld, que­dé im­pre­sio­na­do.                
 Carta Pastoral publicada en www.agenciasic.es
 

Reco­noz­co que des­de el Se­mi­na­rio de Cá­ce­res, que leí la vida del P. Fou­cauld,que­dé im­pre­sio­na­do. La bio­gra­fía es­pi­ri­tual es­cri­ta por Jean Fra­nçois Six me hizo mu­cho bien y des­cu­brí una vida sa­cer­do­tal de po­bre­za, de hu­mil­dad,de bus­car el úl­ti­mo pues­to, de no bri­llar. Como San Fran­cis­co de Asís, que solo se que­dó en diá­cono por­que no se sen­tía digno de ser sa­cer­do­te, tam­bién este fran­cés bus­ca­dor in­can­sa­ble de la vo­lun­tad de Dios no se abrió al sa­cer­do­cio por hu­mil­dad has­ta que una con­tem­pla­ti­va cla­ri­sa de Je­ru­sa­lén le in­di­có que Je­sús, ya na­ci­do po­bre en Be­lén y ocul­to en Na­za­ret, ya era sa­cer­do­te.El sa­cer­do­cio no tie­ne nada que ver con dig­ni­da­des hu­ma­nas, sino con la en­tre­ga como la Eu­ca­ris­tía, pan par­ti­do y san­gre de­rra­ma­da y con la ke­no­sis,el aba­ja­mien­to del amor. La gran­de­za sa­cer­do­tal está en po­ner­se y vi­vir de ro­di­llas ante los em­po­bre­ci­dos.

Sa­cer­do­te es el que se iden­ti­fi­ca con Cris­to, Buen Pas­tor, y en­tre­ga su vida por amor, en hu­mil­dad y con­fian­za.

Tres años vi­vió en Tie­rra San­ta, y por úl­ti­mo se lan­zó a Áfri­ca a vi­vir en­tre los po­bres, con los Tua­regs. Se sien­te lla­ma­do a evan­ge­li­zar des­de la bon­dad, des­de ha­cer­se ami­go de los hom­bres, des­de vi­vir como ellos y con ellos. Fou­cauld no fue con­trin­can­te que bus­ca el po­der, el te­ner, el éxi­to, sino el hom­bre pro­funda­men­te de Dios que tra­ba­jó in­can­sa­ble­men­te por evan­ge­li­zar in­clu­so con ex­pe­rien­cia de apa­ren­te fra­ca­so. Poco an­tes de mo­rir dejó es­cri­to: “Creo que voy a mo­rir ya pron­to y no he con­ver­ti­do a na­die”. Fue como el grano de tri­go que cae en tie­rra y el fru­to él no lo vio, pero se dio sin lu­gar a du­das, si no que se lo pre­gun­ten a su in­men­sa fa­mi­lia de hom­bres y mu­je­res con­sa­gra­dos, sa­cer­do­tes y lai­cos que han se­gui­do al Se­ñor a tra­vés de su pro­fun­do ca­ris­ma de evan­ge­li­zar des­de sig­nos po­bres y des­de los lu­ga­res don­de evan­ge­li­zar se hace a ve­ces he­roi­co. En to­das las fron­te­ras y en to­dos los rin­co­nes de la tie­rra qui­so lle­var a Je­sús este aven­tu­re­ro a lo di­vino con sig­nos hu­ma­nos po­bres Él nos en­se­ña a “no ti­rar la toa­lla” y es un re­fe­ren­te para sa­lir a evan­ge­li­zar, una Igle­sia en sa­li­da, como nos está re­pi­tien­do nues­tro XIV Sí­no­do Dio­ce­sano. Este hom­bre unió en una sín­te­sis ar­mo­nio­sa fe y vida, con­tem­pla­ción y lu­cha por los po­bres.

Al fi­nal de su vida, una de las más evan­gé­li­cas de to­dos los si­glos dejó es­cri­to que su vida ha­bía sido vi­vi­da como un “via­je­ro en la no­che” y ol­vi­da­do “como la acei­tu­na que ha que­da­do ol­vi­da­da des­pués que el oli­vo ha sido co­gi­da la acei­tu­na”. Su vida, lle­na de san­ti­dad des­de la po­bre­za, y el ol­vi­do de sí.

Una per­so­na que no deja in­di­fe­ren­te a na­die y que mues­tra con la pe­ren­ne
sa­bi­du­ría del Evan­ge­lio el ca­mino que tie­ne que re­co­rrer la Igle­sia para ser fiel a Je­sús de Na­za­ret.

+ Fran­cis­co Ce­rro Cha­ves
Obi­so de Co­ria-Cá­ce­res
 
Enlace al artículo original:

Presentación del libro: La Estela de Carlos de Foucauld (Vídeo)

Presentación de libro La estela de Carlos de Foucauld ofrecida por su autor D. José Luis Vázquez Borau en la Librería ARS de Zaragoza el 31 de Mayo de 2016.


La espiritualidad del Padre Carlos de Foucauld en la Oración del Abandono

Ésta resume el itinerario espiritual de su vida, de modo que advertimos Palabra para ser Vivida.                                              
  
INSTITUTO DE ESTUDIOS ECLESIÁSTICOS “P. FÉLIX VARELA” (CUBA)
DIPLOMADO DE TEOLOGÍA
Gloria Bauzá
A Hermanitas de Jesús,
Hermanitos de Jesús,
y a la Familia Espiritual toda
del Hermano Universal Carlos de Jesús.




PREÁMBULO

¿Cómo resumir con palabras la espiritualidad del Hermano Universal, Carlos de Foucauld? ¿Cómo internarse en el espíritu de un Santo Varón? Se pudiera intentar, en vez de discursos retóricos, ofrecer a los hambrientos, a los sedientos de cielo, pistas que los conduzcan al manantial, al árbol. Estas pistas serían palabras-semillas: desierto, pobreza, abajamiento, abyección, oración contemplativa, silencio. Palabras-Gestos de vida: conversión, clausura sin claustro, inmolación, redención, amor de corazón, convivencia con nómadas, estancia en la nada, adoración permanente, bautismo de fuego: una bala en su cabeza de nimbo angélico… Por dar extrema síntesis a su espiritualidad, se podría incluso trazar en la arena el emblema de su pechera: la Cruz clava en el valle intramontano de las aurículas del Corazón de Jesús.

La espiritualidad del Padre Carlos de Foucauld es la del último más contemporáneo de los Padres del Yermo, que fue llamado por Dios a vivir para sembrar la Presencia en todo lugar del mundo; hasta el último confín. Él quería ser el último, pero sabía que el último lugar nadie puede arrebatárselo a Jesús; quien es a la vez el Buen Pastor y la oveja noventa y nueve, la cien: en verdad el Alfa y la Omega.

Es el P. de Foucauld adelantado y continuador de Su obra en lo oculto de todo Nazaret. Es un discípulo actualizador, un cristo pequeñito. No nos detengamos en peripecias, ni descripciones sensuales de su devenir; es imprescindible ir a la esencia, si de espiritualidad se trata. No veamos lo espiritual en términos blandos, sino en su sentido fuerte “animado del Espíritu Santo”, porque animado por Él vivió toda su vida el P. Carlos de Foucauld (Estrasburgo 15 septiembre 1858- Tamanrasset 1º diciembre 1916; Francia-Sahara Argelino).

No intentemos fijar etapas con precisión: la de su orfandad, la de su expedición por Marruecos, la del militar en Argel, la del noble de vida galante en París, la de su conversión, la de su ordenación: benedictino, trapense, jadinero de las Clarisas de Nazaret y Jerusalén; la del sacerdote del Gesto Oculto que siembra la Presencia, entre los tuaregs, en lo más árido del Sáhara… Todo itinerario espiritual es, en definitiva, el continum de una búsqueda a Él que Desde Siempre, nos busca.


INTRODUCCIÓN A LA ORACIÓN DE ABANDONO

Yo no hago ninguna petición solamente para mí,
yo no digo “Mi Padre” sino Nuestro Padre…
todo lo que pido en el Padre Nuestro lo pido,
o para Dios, o para toda la Humanidad”.
(Meditación sobre el Padre Nuestro del P. de Foucauld 23 de enero de 1897)

La Oración de Abandono1 no está hecha verso a verso por el P. Carlos de Foucauld como poema. Los fragmentos que la componen son extractos de sus escritos, agrupados, estructurados y participados por sus hijos espirituales en maravillosa co-operación o co-laboración, o mejor aún en comunión orante. Ésta resume el itinerario espiritual de su vida, de modo que advertimos Palabra para ser Vivida. No hay retórica, no percibimos en ella el regusto por lo sensible lo florido, la búsqueda de vocablos que paladean con fruición lo sensual. Estamos frente al Silencio en el Camino. El sentido es de Adoración, contemplación gratuita. Si gozamos su poiésis es porque el trascendental de la Gloria de Dios, el pulcrum, lo Bello lo ha traspasado. Las palabras son esenciales. Los verbos equilibran acción y pasión orante. Hay en el texto de la Oración de Abandono una teodramática donde subyace el tráfico conflicto del hombre y su voluntad frente a la Voluntad del Padre. La onagnórisis y la catarsis le traspasan: el bonum, lo bueno del segundo trascendental, propicia el restablecimiento de la Unidad, a través de la circularidad y el continum del Amor que logra la Teológica: la Verdad, veritas del tercer trascendental, que sale del Padre y al Padre va. Los trascendentales son intercambiables; la fijeza está en el ser-ente, que marca la Senda, el camino angosto, el ojo de la aguja.

En su estructura externa la Oración de Abandono está constituida por diecisiete versos, a veces dieciséis, otras un poco más. Hay respiraciones más cortas y respiraciones más largas, inspiraciones hondas y suspiros… Está escrita en arte menor, y si sentimos su-presión, es porque está hecha para ser vivida desde la pobreza del hombre necesitado, del hombre en la sarx.

ORACIÓN DE ABANDONO


Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que tu voluntad 
se haga en mí
y en todas tus criaturas.




No deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tú eres mi Padre

MOVIMIENTO DE LA ORACIÓN
(Algunas correspondencias a partir de una lectura verso a verso)

1. Padre mío,
Dirigida al Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo, como toda Oreación cristiana expresa ante todo la condición filial, reconocemos la grandeza de su amor y su generosidad al poder llamarlo Padre. La Oración de Abandono es cristocéntrica y contemplativa; espejea en la Oración Universal que Jesús nos entregara (Mt. 6,9-13). La O. de Abandono es la llamada silenciosa del orante para entablar conversación. Renuevo de conversión en la búsqueda permanentemente actualizada del encuentro con Dios. El personalísimo Padre mío posibilita una solitud, una comunicación expedita; que no exime el carácter comunitario de toda Oración cristiana.


2. Me abandono a Ti.
Es el anonadamiento per se. El reflejo de la kénosis del Verbo entrando en la sarx. La Encarnación de Jesús expresada tan sintéticamente en el prólogo joánico renunciando a su divina majestad. Paralelamente es el desapego y desprendimiento del orante cntemplativo, la comprensión de su nadidad; el vacío vuelto recinto para el Huésped. El horror vacuis salvado por la FE. Abandono es clave, llave desde la misma titulación de esta Oración, que nos muestra a través de su nombre identidad y misión. Abandono es oblación. Al mismo tiempo que es obediencia (ob-audire); ese estar atentos para escuchar, que vierte agus en el viejo shemá (Dt. 6, 4-6), en el ahora Nuevo Israel.


3. Haz de mí lo que quieras.

El verbo hacer aparecerá tres veces en el texto, propiciando una continuidad gradual. Hacer es uno de los verbos que junto a crear determinan la acción de dios desde el mismo Genésis. Tanto en Gén. 1 como en Gén. 2 están referidos a la Creación. En el corpus del himno joánico aluden directamente a la Nueva Creación. Las reiteraciones del verbo hacer le confieren a la Oración de Abandono carácter litúrgico, amén de la expansión-continuidad de un verbo “aoristo”… Haz de mí lo que quieras no es haz de mí esto o aquello por magno o mínimo que sea: es abandono total; también petición súplica; reclamo reverente. Evoca la letanía: “Quiero Señor lo que quieras/ quiero porque lo quieres/quiero hasta que quieras”.

4. Lo que hagas de mí te lo agradezco,
Es Acción de Gracia. ¡Aleluya! Conciencia amorosa del orante de que la obra de la Creación toda tiene por fin la Salvación (soteriológico). Hay en la gratitud ofrecida, santificación santificante. La certeza de la generosidad del Señor. Jesús, renuevo de Creación, es la manifestación en la carne del Misterio de Dios y el Misterio del Hombre reunidos; son dos naturalezas y un mismo ser, propiciando la creación del hombre nuevo. El agradecimiento es una forma plena de ad-orar. Porque si no sabemos orar no podemos adorar.

5. Estoy dispuesto a todo,
Conformado a Cristo y en perfecta Imitación y Seguimiento se apresta el orante al pleno, es la disponibilidad para asumir el mandato del Padre. No obstante, marca una primera instancia potencial, tiene matiz de preparación, de velar estando despierto; esto no es pasivo: Jesús muchas veces exhorta a sus discípulos a la vigilia vigilante (Lc. 22,46). Pues nadie sabe cuándo será la Hora, sólo el Padre. Solo Él propiciará el pleno.

6. Lo acepto todo.
Aceptación más que potencia es acto. El orante como Cristo, llegará hasta las últimas consecuencias de su prosternarse activo y militante, revestido el orante de la armadura de Dios (Ef. 6, 10-17). En su Oración en los Caminos, entre un paso y otro, no evadirá el descendimiento y la abyección. No hay redención sin sacrificio, no habrá plenitud, sin asumir incondicionalmente la pertenencia exclusiva a Dios.

7. Con tal que Tu voluntad se haga en mí
Este es el centro y núcleo de la Oración. Si el anonadamiento es Vía Crucis, el cumplimiento de la Voluntad Divina, el fiat volutas tua es lo que propicia el cierre en el consumatum es, que abrirá la Puerta a Hombres Nuevos. El Misterio de la Voluntad de Dios atraviesa toda la Historia de la Salvación. Este verso de la Oración de Abandono recibe aguas de múltiples arroyos tanto del AT como del NT. Del AT, pudiéramos puntualizar el Sal. 40 que leído a la luz kerigmática refiere de modo especial a Cristo y también expresa la súplica del pueblo en las pruebas. La auténtica Fe y Esperanza que obedece y se somete a la Voluntad de Dios. Obediencia conducente a la plenitud del Camino, la Verdad y la Vida. Está también presente el Sal. 22, el que ora Jesús en la Cruz; pues éste en el salterio termina manifestando la confianza en Dios. En el NT están las aguas del Padre Nuestro: “Hágase Tu voluntad”; que nada tiene que ver con legalismos. El Padre Nuestro es resumen del Evangelio. La Oración Universal que deja Jesús a sus discípulos… En Getsemaní (lagar de aceite), donde el Ungido tendrá el preámbulo de su Pasión también alude ala Voluntad del Padre orando: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú (Mt. 26,39) Tendremos luego en las siete palabras finales de Jesús en la Cruz, nuevamente, dado con gestos explícitos y palabras implícitas el “Hágase Tu Voluntad”, y su cumplimiento: consumatum es…El Padre Nuestro es Documentun, y la Oración del Padre de Foucauld, espejo: documentum.

8. Y en todas tus criaturas,
El Hermano Universal en su amorosa sapiencia nos deja entrever que la Voluntad del Padre lo envuelve todo, todo lo penetra en su omnipotencia. ES unificación de todo lo creado, unificación de la familia universal, de remotas alusiones tanto en Gén. 1 y 2, como en el pasaje veterotestamentario de Noé con “su arco en el cielo” (Gén. 9, 13-14,16). Es el todo creado que se expresa en el Símbolo de los Apóstoles que se explicita en el Credo Niceno constantinopolitano. Es la voluntad de vida histórica y transhistórica de cariz salvífico, parúsico y escatológico que apunta a la Nueva Creación, plasmada en el Apocalipsis Joánico.

9. No deseo nada más Dios mío.
Aquí está el decir de Santa Teresa de Jesús, tan leída por el P. Carlos de Jesús. Se perfila su síntesis: “Solo Dios basta”. Abandonarse a su voluntad no es escape del mundo, todo lo contrario. El P. de Foucauld sabe que el abandono no está en nuestro poder, pero debe ser querido y deseado; esperando ser consumado por acción de Dios. Esta es la verdadera iniciativa del contemplativo: No desear nada más que la voluntad de Dios. Como nos dice el P. René Voillaume, el materializador de las Fundaciones, que soñara y reglamentar de Foucauld: “Clausura y silencio son los medios, más no es un volcarse sobre la técnica”…Esta vez el Padre Carlos se dirige al Señor, Dios mío; lo invoca a través del Nombre que entraña todos Sus nombres, o sea, su totalidad. Entregado a Él, mediante la fe, por la Gracia de la Presencia de Cristo, en el Espíritu Santo; es que alcanzamos un rayo de contemplación. Será como dijo otro de los místicos muy leídos por el Padre de Foucauld, San Juan de la Cruz: “Olvido de lo creado, Memoria del Creador”. La Voluntad de Dios enlaza el Misterio de Dios y el Misterio del Hombre en Jesús. La criatura humana no es Dios, mas Cristo nos dice: “Dioses sois”. Pero no nos envanezcamos; sino adviértase la Responsabilidad.

Hay una axialidad interna en la estructura de la Oración de Abandono; si del verso uno al nueve se trabaja con el abajamiento desde la Voluntad; del verso diez al diecisiete se trabajará por el Amor. Será en definitivas la voluntad amorosa del acto de entrega. Verso a verso, la Oración va aligerándose, abandonándose, dándose; parte por parte se deconstruye el hombre viejo, y muere, para configurarse a Cristo: Hombre Nuevo.

10. Pongo mi vida en Tus manos.
El orante enfatiza su oración contemplativa. Los verbos que irán apareciendo son de rotunda donación. Si Dios nos crea con manos de Alfarero, y el hombre por desobediencia introduce el pecado en el mundo, resquebrajando las vasijas; el Modelo mismo, el Nuevo Adán nos habrá de restituir y salvar, si nos ponemos en sus manos. En este acto de desapego y muerte al hombre viejo, al Nicodemo (Jn. 3, 1-21) de los oscuros callejones y la cita a escondidas con Cristo en un oculto recinto, nos propiciará la metanoia a partir de morir a todo lo que no es Dios.

11. Te la doy, Dios mío,
Dar la vida es acto supremo de inmolación: sacrificio. Todo lo verdadero lo entraña. El ser a Imagen y Semejanza de Él. Hacerse transparencia en Él, para que en la renuncia el mundo pueda decir, y cito al Padre de Foucauld: “Porque si tal es el esclavo, cómo será el Señor”. El sacrificio es la Cruz del Cristo Redentor. La contemplación es reparación y redención. La Cruz símbolo de Cristo y la cristiandad es escogida por el Hermano Carlos de Jesús como uno de los aspectos que componen el emblema de su pechera.

12. Con todo el amor de mi corazón,
El proyecto cristiano es de reunión de todo en el Amor. El Sagrado Corazón de Jesús es adoración permanente del P. de Foucauld. El corazón desde la cultura judaica ancestral es el símbolo de lo más íntimo del ser, el leb, es la plenitud de la conciencia. Ya en Cristo, el corazón es el Logos mismo, lo más noble e íntimo de su Caridad, de su Misericordia (miseri-pobre, cordia-corazón). Por eso cuando el Padre Carlos nos dice que se da con todo el amor de su corazón de contemplativo, asistimos a su transverberación. Es el lenguaje espiritual de lo más altos místicos. Vemos a Santa Margarita María de Alacoque, a Santa Teresita del Niño Jesús, a toda la tradición de la Iglesia francesa que vibra en el Sagrado Corazón; pero asistimo igualmente a la tradición de la Iglesia toda. Al magisterio de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz, de San Pedro de Alcántara, de Santa Rita de Casia, de Santa Catalina de Siena, de Santa Catalina de Ricci… Pues vemos en cada momento de crisis del mundo corazones de contemplativos transverberados. En regresiva, pudiéramos llegar hasta los Santos Padres y los Padres del Desierto: los Abba, como cariñosamente llamaban a sus eremitas; que por acercarnos la Parusía se inflamaban de Amor hasta arder como zarza en las arenas. Sagrado Corazón: núcleo mismo del Modelo del hombre, centro de Cristo que hirió la lanza del centurión y de donde manó agua y la sangre que lavan el pecado del mundo; estás evocado del sehmá del Credo judaico que nos dice: “Escucha Israel con todo tu corazón…” Más si todo esto tenemos en regresiva, tenemos también pares de permanente actualidad, entre los que podemos contar al Padre Carlos de Foucauld; el Corazón de Cristo es el pilar que completa su emblema: un Corazón con una Cruz clavada en el valle intramontano de las dos aurículas. Todo rojo cruz y corazón; símbolo de sacrificio amoroso en la pechera de un blancor inmaculado, que reposa sobre el propio corazón de, de Foucauld, trasvasándolo. Este Padre, de finas intuiciones inspiradas por el Espíritu Santo, hizo muchas veces extraordinarias maqueta sígnicas de espiritualidad: planos, trazados, dibujos, amén de sus escritos.

13. Porque te amo,
La necesidad de mayor es el principio de toda la vida del Padre Carlos de Foucauld, ella explica toda su espiritualidad. Dios es Amor. El mandato único de Jesús es el del Amor, de modo que darse en amor es simplemente ser en Cristo. El Amor es simple, muy simple, simplemente Es. Por eso es una de las definiciones más universales y completas de Dios. Jesucristo es la Buena Nueva de Amor, anunciada desde el AT: y que tiene cumplimiento en su kerigma, en el sentido fuerte de este término. Mas si queremos tomar un hermoso pasaje bíblico acerca del Amor vayamos a la epístola paulina de 1 Cor. 13.

14. Y porque para mí amarte es darme,
Vemos que el Padre Carlos va subiendo la secreta escala, lo advertimos en los peldaños de donación de sus verbos, en la casi litúrgica reiteración que va del doy al darme; en el próximo verso dirá entregarme… En la definición dada con “amarte es darme”, el Padre de Fouauld delinea la entrega total del orante a Dios. En los versos doce, trece y catorce tenemos un jalonamiento de Amor, pues para amar hace falta: un Amado, un Amante y el Amor, es una trinidad inseparable. Por eso de Foucauld nos dice: “Este es el secreto de mi vida: Perdí el corazón por este Jesús de Nazaret… y paso la vida tratando de imitarlo en la medida que lo permite mi debilidad”. Porque quien ama se da, se ofrece y quiere imitar al Amado. El P. Carlos quiere ser comido por todos como Jesús Eucaristía.

15. Entregarme en Tus manos sin medida,
El cristianismo todo es una sucesión de entregas. De entregas por Amor está escrita la historia de la Salvación. Por amor el Padre entrega al Hijo. Por amor el Hijo se entrega y abaja en la Encarnación. Por amor el Hijo entrega el Espíritu en la Cruz. Por amor a los hombres y su hermandad con nosotros es que Cristo entrega y propicia nuestra filiación divina… El Hermano Carlos de Foucauld se entrega sin medida, sin tasa; porque la medida de todas las cosas es Cristo, y él, su Hermano Universal se está entregando sin medida a la Medida Inconmensurable. Este es el amor de una Amada a su Amado, que nos remite a los finísimos tapices del entretejido místico del Cantar de los Cantares, atribuido a Salomón. Entregar todo el ser a Dios, “ir a la oración para dar sin que sepáis muy a menudo que dais, sin ver lo que dais”, como nos esclarece el Padre Voillaume.

16. Con infinita confianza,
Volvemos al Sal. 40,5: “Feliz el hombre que pone en Dios su confianza”. Se trata de la fe, de la fe viva, que halla su eco más claro y antiguo en Abrahán, pero que traspasa toda la Sagrada Escritura; haciéndose hermosa en los poemas del servidor Is. 49-53. Fe que nos pide a todos vocación de sacrificio, vocación de cristos. Tener confianza es abandonarse en el Señor y tener conciencia de corazón, de que el plan salvífico es para la instauración del Reino. La salvación es por la fe (Rom. 3, 21; Fil. 3,9). Pero la fe no se limita a la aceptación tácita de creencias, sino que reconoce el designio de Dios (Mt. 11, 16-24; Lc. 7, 30). A través los acontecimientos de hoy es importante tener en claro que la fe tiene que ser actuante y actual. De esto tuvo perfecta conciencia inspirada en el Espíritu, el Padre Carlos de Foucauld, quien actualizó una amplia serie de modos, un tanto anquilosados en el entonces… En el ejercicio del magisterio eclesial las grandes crisis históricas siempre han parido cristos, verdaderos seguidores del Espíritu de la Palabra. El Concilio Vaticano II recogería en sus Actos Conciliares muchas de las más preciosas y adelantadas inspiraciones de la espiritualidad foucauldiana. Su largo itinerario espiritual ha tamizado en su carne lo que pudiéramos llamar períodos y períodos de la historia de la cristiandad; esos, los impulsan a dar unos cuantos pasos más en el adelantamiento humano, y buscar más que un camino de oración una Oración en Camino…de Nazaret…de Getsemaní y la Cruz. Como Cristo, él abre sus brazos, no solo en cato de acogida sino de ofrecimiento; entre una mano y la otra tiende el puente entre los cismas humanos. Se entrega, como sutura, que cierrra la herida del mal. La perfecta imitación de Cristo, del Padre Carlos, permite que Dios nos regale un Hermano Universal a su imagen y semejanza. Un santo varón que puede terminar su Oración contemplativa y activa de Abandono, diciendo:

17. Porque Tú eres mi Padre.
Perfecto cierre de circularidad peregrinante, donde del Padre mío inicial se acerca más aún, al mi Padre: al Padre Nuestro. Ese que un día un discípulo rogara al Maestro, lo enseñara a orar, y que la tradición y el magisterio eclesial, han mantenido siempre por ser Palabra de Dios. La Oración de Abandono termina como comienza: invocando a Dios como Padre; porque como dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Invocamos al Padre porque el Hijo hecho hombre nos lo ha revelado y su Espíritu nos lo hace conocer… Nos hace entrar en su misterio con sombro siempre nuevo y despierta en nosotros el deseo de un comportamiento filial”…El Padre Carlos de Jesús, santo varón, es como todos los santos, maestro de oración. Su Oración es modelo de oración contemplativa, que contiene en sí las formas esenciales de oración cristiana: adoración, petición, intercesión, acción de gracia y alabanza…Su eficacia es obra del Espíritu Santo, Maestro interior de la oración cristiana, quien nos hace posible la ascesis y la profundidad en la contemplación y en la unión con el insondable misterio de Cristo. La Oración de Abandono es trinitaria. El encuentro con Dios es centro, entraña anticipo de la Visión beatífica que busca el orante, no para sí, sino para nosotros y el mundo, y para DIOS.

 
CONCLUSIÓN DE LA ORACIÓN DE ABANDONO.

La oración de Abandono del Padre Carlos de Foucauld, una vez impresa en el orante contemplativo sale por los poros de su piel y es trasvasada al mundo. Cada verso es pauta; toda ella pulsión: Presencia vibrante del Ser en el ser. Tiene la Grcia de Dios y su Espíritu. Los signos válidos y permanentes de ayer, hoy y siempre de todo orante contemplativo. Pudiéramos considerarla una oración modélica de gesto interior de quien ora oculto entre el pueblo, en la actitud de un Jesús de Nazaret, que anda en el mundo como levadura en la masa.

El Padre Carlos de Jesús Foucauld junto a su familia espiritual, trae a la Iglesia renuevo de espiritualidad con brotes muy verdes en el Árbol de la Vida; es como dijera, en 1967, el Papa Pablo VI: “Un acto de la providencia”. El reclamo de abandono, abajamiento, abyección, palabra ésta que tanto gustar al Padre Carlos; es espejo vivo del abajamiento del Verbo, del supremo misterio cristiano que es la Encarnación de ese Rostro Bello de Dios: ese Jesús de la pobreza irradiante, que debemos imitar para el cumplimiento de la voluntad salvífica; por amor a Él, a los hombres y a todo lo creado.

El Hermano Universal nos ofrece con sus diecisiete versos vividos en grito silencioso, el gesto callado que estremece la cortina; esa que Cristo rasgó para indicar el camino al mundo. Carlos de Jesús no tuvo temor de poner a sus contemplativos desiertos de pobreza; pues sabía que entre los hombres estaban ocultos numerosos contemplativos que Dios mismo había sellado, besado en la frente. Por eso repitió con su Maestro: “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos será el Reino de los Cielos”.

Gloria Bauzá.


1 El desasimiento absoluto es la condición primera e irremplazable de toda acción del Espíritu Santo en vosotros (P. Voillaume)